Teóloga y psicóloga

¡Que lo fusilen!


Perdón por el título. Perdón. Pero es lo que estamos diciendo a gritos con nuestro silencio. Si a alguien le parece exagerado, que busque la próxima ejecución por pena de muerte en Estados Unidos. Será el 3 de diciembre en Florida. Un pelotón de fusilamiento disparará al pecho de Nidal Malik Hasan, que encapuchado, sentado y atado a una silla metálica, esperará los impactos.



La capucha no es tanto por el reo, porque los ejecutores estarán tras una pared o cortina con una ranura que les permite apuntar y … acertar; se les tapa la cara para que el público no vea sus reacciones y emociones. Decía lo de apuntar y acertar, porque, previamente, el médico forense encargado de la ejecución habrá pegado una diana exactamente encima del corazón. Así es: un médico. ¡Si Hipócrates levantara la cabeza!

cartel contra la pena de muerte en una manifestación en estados unidos

Manifestación contra la pena de muerte en Estados Unidos. Foto: EFE

Eso sí: para proteger el posible malestar o distrés moral de los tiradores, se recurre al truco de la bala de fogueo. Una de las armas no llevará bala y se les entrega cargadas, sin posibilidad de saber quién de ellos mató a Nidal. Sin duda, una manera de anular la propia responsabilidad de una manera apabullante. Parece un juego o una sutil delicadeza humanista del procedimiento.

Además, los defensores de tal hazaña argumentan que es un método adecuado, ya que “a la señal del director de la prisión, todos disparan al mismo tiempo apuntando directamente al blanco en el pecho. Las balas destruyen el corazón de inmediato, provocando una pérdida masiva de sangre y la inconsciencia en cuestión de segundos, seguida de la muerte”.

Suspendida la retransmisión en directo

Lamentable. Al menos, hace unos días, el 14 de octubre, Donald Trump decidió suspender la retransmisión en directo, tras la avalancha de críticas recibida, incluso entre quienes apoyan esta ejecución; solo estarán allí los familiares de las víctimas que lo deseen.

La evidencia afirma que no hay mejoría significativa para las víctimas y sus familiares a medio y largo plazo. Ejecutar al culpable solo calma momentáneamente la adrenalina de la rabia y el odio por el dolor infringido. Pero, aun así, la pena de muerte sigue adelante en demasiados lugares. Y lo que es peor, en países como Estados Unidos, en el último año se han duplicado.

¿Qué nos pasa? Quienes apoyan estas ejecuciones como única forma de hacer justicia, están gritando: “¡Que lo fusilen!”. Como si hubiéramos retrocedido en la evolución de la humanidad varios siglos. Y los que no apoyamos la pena de muerte y nos mantenemos callados lamentándonos de esta deriva de lo humano, también decimos, en silencio: “¡Que lo fusilen!”.

Creo que hay actitudes y decisiones malas en sí mismas, por ejemplo, asesinar a alguien. Y quien lo hace, creo que debe asumir su responsabilidad y el castigo proporcional que le ayude a recapacitar, arrepentirse de lo hecho y cambiar.

Ejecución fallida de Christa Pike

Pero no creo en pelotones de fusilamiento. Nunca. Ni en inyecciones letales tan caras que se trapichea con ellas a menor precio y a menudo adulteradas, como ocurrió el pasado 30 de septiembre en la ejecución fallida de Christa Pike. Sobrevivió a dos dosis máximas permitidas de pentobarbital, aunque quedó entubada a un respirador artificial con los brazos hinchados, quemados y llenos de ampollas. Ya está de nuevo en prisión, esperando qué deciden hacer con ella.

Christa Gail

Christa Pike. Foto: EFE/Correccionales Tennessee

Que esto esté ocurriendo y no nos conmueva, que cada vez se normalice más la violencia, que algunos gobernantes crean ser dueños de la vida… es desalentador. Y lo peor es que intuyo que esta actitud se nos va colando en nuestras relaciones diarias. Hay gente que hace mal y es necesario confrontarlas, dialogar, asumir responsabilidades y apoyar a las víctimas. Claro que sí.

Lo que no ayuda es unirnos a una masa acrítica que ve cómo masacramos a otros y disfrutamos de ello. ¿Acaso hemos cambiado alguno de nosotros a fuerza de castigos?, ¿acaso a largo plazo alivia nuestro dolor que quien nos ha hecho daño sea eliminado sin más, añadiendo más violencia?