¿Qué es lo que realmente está ocurriendo en el Vaticano?


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El documental

La BBC estrena estos días un documental en dos partes realizado a lo largo de todo un año sobre el Vaticano que está configurando el papa Francisco. Con el nombre de ‘Inside the Vatican’ (‘Dentro del Vaticano’), a lo largo de 2 horas se muestran celebraciones como las de la Semana Santa del 2018 y se enseñan algunos de los rincones en los que se mueven cada día los encargados de seguridad, los jardineros o el personal diplomático.

En el documental se detienen a explicar el cambio que ha supuesto que el Papa no resida en el Palacio Apostólico y haya preferido la Casa Santa Marta para estar cerca de la gente. Novedades que conviven con las tradiciones que se mantienen en la Basílica de San Pedro, en el cuartel de la Policía vaticana o en las dependencias más discretas del Estado más pequeño del mundo.

Pero, más allá de la geografía, el documental repasa algunos de los problemas que también habitan las dependencias que se encuentran dentro de la muralla leonina. En este año de grabación, Francisco visitó Irlanda para el Encuentro Mundial de las Familias con el trasfondo de la crisis profunda generada por los casos de abusos sexuales por parte de eclesiásticos y agentes de pastoral vinculados a la Iglesia. Además, recuerda el documental, por las mismas fechas el informe del Gran Jurado de Pennsylvania fue un jarro de agua fría a las medidas de lucha con la pederastia. Ante este drama, voces como las del Hans Zollner, de la comisión de prevención de los abusos o la del periodista Christopher Lamb tratan de poner en valor las acciones de la “Tolerancia cero”. Además, se muestra cierta confianza de que con Francisco se puede ver cierta luz al final del túnel en este delicado tema.

También se ponen de manifiesto las reformas del papa Francisco y las resistencias internas por las críticas del pontífice al clericalismo que tanto se ha impuesto en medio mundo. Una expresión de los cambios es el nombramientos de nuevos cardenales, la universalidad entre los nuevos príncipes de la Iglesia o la relativa importancia de las tradicionales sedes cardenalicias es una herramienta de renovación de quienes se sentarán en el próximo cónclave. Es el caso de países como Irak, Madagascar y Pakistán que han contado con una representación hasta ahora inédita. Algo que no gusta a todos, como el caso del vaticanista Sandro Magister que aparece como portavoz de los grupos de presión conservadora de los otrora centros de poder en Europa y Norteamérica.

Entre las críticas al pontificado de Francisco esta la pérdida de calidad en la seda púrpura de los trajes cardenalicios, la puesta en marcha de un equipo y una liga de fútbol o las medias ecológicas implantadas en estos años de pontificado. De hecho, a los autores les parece serio el compromiso del Vaticano en este aspecto “predicando con el ejemplo”, al establecer que aunque hoy en día, ya se reciclan el 49% de los residuos del Vaticano; el objetivo es reciclar el 80% para el año 2025.

El consejo

Pero la reforma, seguramente, más profunda que nos puede dejar Bergoglio también pasa por un grupo de cardenales, el C8 que acogió al Secretario de Estado Pietro Parolin pasando a ser C9 en 2017 y del que se han ido descolgando 3 de sus miembros por distintas razones. Su trabajo a unos les sabe a pocos y a otros los cabrea sobremanera por atreverse a dar pasos impensables en una maquinaria curial en la que el tiempo parecía haberse detenido en el largo pontificado de Juan Pablo II.

El producto más aquilatado de este trabajo parece estar a punto de ver la luz, la constitución apostólica que ponga las bases de una curia más claramente en la misión de la Iglesia y su compromiso evangelizador. Tal como avanzó Vida Nueva, el documento que lleva el tipo provisional de ‘Praedicate Evangelium’, pone en el centro los dicasterios pastorales y resitúa el papel de aquellos que se dedican a cuestiones internas de la organización eclesial. La entrada de prefectos laicos puede anticipar un paso que sería definitivo frente al carrerismo y que encontraría un fácil consenso teológico al no tener que hacer a todo el mundo obispo o arzobispo de sedes episcopales que se han perdido en la memoria.

Pero, a la vez, la clave de futuro de la reforma curial está en la relación de esta con las iglesias locales. Si algo ha quedado claro en los discursos navideños del papa Francisco a la Curia Romana es que el sentido de esta antigua institución está en el servicio a las necesidades de la Iglesia que se extiende por todo el mundo y no en la acumulación de poder y mecanismos controladores. Para quienes están acostumbrados a ver el mundo desde Roma, puede ser un problema divisarlo desde la periferia. La curia como hospital de campaña de las iglesias necesitadas, no es una mala imagen tras mirar a los sagrados palacios como el lugar de azote de teólogos díscolos o de apoyo de las iniciativas más peregrinas regadas con una fingida fidelidad al Romano Pontífice.

La visión

Creo que todos estaremos de acuerdo en que la Curia romana es una forma de organización que surge de la historia y, por lo tanto, no es una de las instituciones cuyo fundamento encontramos en la Escritura. Tampoco la Tradición de la Iglesia tiene porque marcar el dictado de una determinada forma de organización, a la época constantiniana seguiría un medievo que dejaría a la Roma cristiana casi devastada en lo que a instituciones se refiere.

Por eso llaman la atención algunas críticas que ha suscitado el borrador de ‘Praedicate Evangelium’ en determinados sectores. Como en los teléfonos de aludidos, los organismos que pierden peso o se reorganizan para atender a nuevas situaciones se atan a privilegios. Otros se han puesto a trabajar como nunca para parecer indispensables, aunque algunos dicasterios clásicos y que han jugado a cierta ‘contrarreforma’ apenas han sacado publicaciones u organizado muchos actos públicos.

Los que se han quedado ya por el camino no han encajado el avance. En esta misma página web hemos leído las reacciones del cardenal Gerhard Müller criticando que “existe una sorprendente ignorancia teológica entre los autores” del texto provisional. Para el antiguo prefecto de la Doctrina de la Fe, “este discurso sobre fortalecer la periferia y recortar el centralismo mediante una supuesta reivindicación de soberanía parece plausible, probablemente bien en los medios de comunicación, pero suena estridente y desafinado en un oído con formación teológica”. Algo que remata despejando el balón hacia arriba: “Roma desde luego no es el centro de la Iglesia y las Iglesias locales tampoco son la periferia. El centro de la Iglesia es Cristo, y dondequiera que se celebre la Eucaristía, está plenamente presente”. Por ello, para él el texto es “un conglomerado de ideas individuales subjetivas, deseos piadosos, apelaciones morales con citas individuales de textos del Concilio y declaraciones del Papa actual”. En concreto, la solución para él es quitar poder a la Secretaría de Estado y dárselo todo a Doctrina de la Fe.

¿Realmente seguimos pensando que aquello que los mismos cardenales pedían antes del cónclave de reformar la curia no sigue siendo una necesidad objetiva?