Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Papá Estado = pueblo esclavo


La opinión de la mayoría sobre el poder del Estado es a través de la palabra control. No hay problema social que la gente no crea que debe ser resuelto con el control del Estado.



No es un tema menor, y no solo depende de la ideología, la derecha o la izquierda coinciden en esta tentación de que el Estado debe controlar.

La filosofía política ha denominado el extremo de esta idea como capitalismo de Estado, por lo que más de uno es un férreo capitalista, aunque lo niegue.

Reconocidos y no sometidos

El tema es que en esa fiebre de control se desdibuja lo que es el Estado, lo que es el gobierno — que no son lo mismo —, y lo que es el pueblo que termina siendo esclavo del Estado. Papa Francisco lo dijo una vez: “Todo por el pueblo pero nada con el pueblo”.

El problema es que la realidad demuestra que los gobiernos pueden ser desbordados por los problemas, que muchas veces no controlan nada, y cuando controlan solo estrangulan iniciativas favorables que ayudarían a resolver dichos problemas.

Esa visión de papá Estado dice que, el pueblo no está preparado para equis cosa, como si el pueblo fuese minusválido. El argumento falaz de que no puede haber democracia porque no están preparados para votar. O también que al pueblo hay que defenderlo ante las amenazas de los demás pero ¿quién lo protege de las mentiras de papá Estado?

En el fondo, el objetivo es atrofiar a la gente, que no piense, que no cuestione, que no critique al papá Estado, porque éste es quien le provee de todo lo necesario, y no se puede morder la mano de quien le da de comer.

Mano Titere

El Estado es responsable de…

En la doctrina social de la Iglesia hay un principio para esta distorsión que tiene millones de adeptos, de lado y lado. Y es el principio de la subsidiariedad.

Aunque suene difícil y a mis alumnos les resulta difícil de pronunciar, éste consiste en la actitud subsidiaria de los cuerpos responsables sin limitar la acción y madurez de los cuerpos inferiores. Es decir, el respeto de unos y otros, en el rol que cada uno debe jugar en la sociedad.

El principio que reconoce que el Estado debe hacerse responsable sin menoscabar la responsabilidad jerárquica de los miembros de la vida social, en un orden concreto: persona, familia, sociedad, escuela, iglesia y comunidad política.

Por eso, antes de invocar el control del Estado, o que el Estado supervise todo lo que se dice o cómo se dice, o lo que se come o qué religión se practica o por qué partido se vota, pregúntese cuáles de esas cosas puede hacer usted por sí solo.

La tarea es trabajar por emanciparse de esa relación ‘insestuosa’ que termina perjudicando a su comunidad, a su ciudad, al país y al mundo.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey