Raúl Molina
Profesor, padre de familia y miembro de CEMI

No es el siervo más que su amo


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En ese haber olvidado que solo somos criaturas -o, si se prefiere, accidentes fortuitos en un universo aleatorio– nos hemos convertido en señores de la vida y de la muerte, olvidando que nunca es el siervo más que su amo (Jn 15,20).



En esta carrera desbocada hacia el progreso en la que la especie humana participa, parece que una de las metas es la de la omnipotencia: el hombre no quiere saberse creado, y prefiere hacerse dueño y señor del paraíso. Como adolescentes, nos hemos revelado contra el padre y, desde nuestras visiones raquíticas, y siempre limitadas, corremos hacia ninguna parte.

Nos sentimos dioses, y nos hemos otorgado la potestad de decidir sobre el bien y sobre el mal, sobre la vida y sobre la muerte (Gn 3,5).

Adán y Eva

Ni Adán y Eva expulsados del paraíso; ni Prometeo condenado por querer robar el fuego de los dioses; ni la torre de Babel, ni Fausto;  ni, tan siquiera, el holocausto perpetrado por los nazis, nos han hecho entender lo insensato de sentirnos dueños de nuestro destino.

Así, consideramos legítimo decidir quien debe nacer y quien debe morir; que personas deben recibir tratamiento médico y cuáles no; que niños se merecen una educación u otra; que países son bombardeables y cuales merecen ayuda; quién puede morir ahogados y por quién hay que movilizar a la armada; que bosques pueden talarse y que paisajes hay que conservar; que personas son respetables y que personas son abusables… El resultado es un mundo y una humanidad difícil de digerir.

Inteligencia Artificial_creacion

Nos hicieron señores de la creación para cuidarla y para hacer de ella un lugar lo más habitable posible, como haría un buen amo.

Conviene sacudirse el polvo.