Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Músculo bioartificial


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El comienzo de 2022 ha supuesto un salto para la tecnología de cuerpos sintéticos al lograrse la fabricación de un músculo artificial formado íntegramente por proteínas naturales. Eso mejora la biocompatibilidad con el cuerpo humano cuando se usan implantaciones y hace avanzar hacia una primera generación de robots biológicos, la robótica blanda (Núñez-Torrón, 2022).



El avance ha sido fruto de un equipo de la Universidad Albert Ludwigs de Friburgo, dirigido por los profesores Stefan Schiller y Matthias Huber, denominado Clúster de Sistemas de Materiales Vivos, Adaptativos y Autónomos de Energía (livMatS). El músculo de Friburgo es un avance sustancial en el orden de los nuevos materiales, que permitirá el desarrollo de una nueva generación de prótesis o incluso órganos hasta ahora desconocidos en el cuerpo humano. El gran salto sucederá cuando a un ser humano se le implanten alas para volar.

La base biotecnológica para esta innovación ha sido la elastina, una proteína natural —presente en los cuerpos humanos— producida artificialmente que proporciona versatilidad y maleabilidad a todo el tejido, ya sea piel o vasos sanguíneos. El nuevo músculo bioartificial es capaz de moverse de modo autónomo con ayuda de estímulos químicos y de temperatura, pero próximamente podrá reaccionar a otras fuentes (Huber, Jonas y Schiller, 2022)

El taller de Geppetto

Poder fabricar músculos proteínicos tiene un enorme alcance: un paso a recrear artificialmente toda la masa que mueve interna y externamente nuestro cuerpo y le da su forma. Estamos creando en el taller de Geppetto, donde el muñeco de madera se convirtió en un niño de carne. Donde antes había patas de palo, garfios, ruedas o pesos de piedra, buscamos poner elasticidad, naturalidad y vida. Recreamos nuestros cuerpos siguiendo los relatos visionarios de quienes imaginaron a un hombre cuyo cuerpo fuera totalmente artificial, lo que en la década de 1960 llamaron ciborg. —el mismo psiquiatra que propuso hacernos ciborgs, fue también el primero en popularizar los antidepresivos—.

Fue Edgar Allan Poe el primero en imaginar un hombre protésico. Lo hizo en un relato de 1839 titulado El hombre que se gastó. En él, el general estadounidense John ABC Smith perdió una a una las distintas partes de su cuerpo en sus luchas contra los indios y cada una fue poco a poco sustituida por una pieza artificial. Esta sátira de Poe pone en contraste el cuerpo maquinizado y deshumanizado del general victorioso con los cuerpos carnales y heroicos de los indios que son extinguidos, viven en la marginalidad o en las honduras de la naturaleza. El poder apunta a otra dirección que la carne. La carne estorba al poder y por eso históricamente la esclavizado, deshumanizado, desaparecido o convertido en capricho.

Una realidad protésica

A mitad del siglo XX, los pronósticos de que en un futuro próximo las máquinas ocuparían la mayor parte de la vida de las ciudades, nuestra vida cotidiana y el conjunto de la sociedad, nos hacía pensar que también órganos y miembros de nuestros cuerpos serían maquinizados. Aunque la fibra óptica y la microtecnología es menos grosera que el acero y los engranajes, lo cierto es que la tecnología media mucho más nuestra vida que hace tres décadas. En los años sesenta, se concebía un ser de metal blando con el cerebro humano, pero el salto para la maquinización del cuerpo humano se ha dado cuando se siente no solamente cuando parte del conocimiento humano puede ser sustituido o mejorado por máquinas —que es la fase digital de la información—, sino cuando la propia realidad es sustituida por una máquina, el Metaverso.

El transhumanismo se imaginó como cuerpos mejorados y el invento de un músculo bioartificial es un gran logro con importantes aplicaciones terapéuticas que harán andar a los cojos, abrazar a los mancos y levantarse a las personas paralizadas. El salto es mayor cuando el cuerpo humano se proyecta en un avatar digitalmente creado en un mundo artificial. Y el gran salto cualitativo es cuando toda la realidad es sustituida por una prótesis. No seremos cuerpos protésicos —como el general John ABC Smith— en un mundo real, sino que en una realidad protésica seremos cuerpos insignificantes. En ese mundo nada es real salvo el poder.

Referencias

– Huber, Matthias; Jonas, Uwe & Schiller, Stefan (2022). An Autonomous Chemically Fueled Artificial Protein Muscle. Advanced Intelligent Systems, 2100189.
– Núñez-Torrón, Andrea (2022). Crean un músculo artificial completamente hecho de proteínas naturales que podría revolucionar la medicina regenerativa y la robótica. Business Insider, 1 de febrero de 2022.