Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Los mayores no nos sirven


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El otro día, conversando con un hermano de una comunidad monástica sobre la vida y sobre cómo iba su comunidad, nos comentó una cosa que me ha hecho reflexionar y que quiero compartir aquí en este blog. Este amigo, que ronda ya los ochenta, me comentó que, cuando era joven y tenía alguna duda, cuando quería saber algo más sobre una escritura, sobre cualquier tema en el que quisiese profundizar, recurría a sus mayores, a sus hermanos de una edad más avanzada, para que le ayudasen, para que le iluminasen según su experiencia y su sabiduría. Ahora eso ha dejado de suceder. Sus hermanos más jóvenes ya no recurren a ellos para esa clase de consultas. Sacian su curiosidad o sus dudas sin salir de las pareces de su habitación. Los medios informáticos y la inteligencia artificial son ahora sus mayores, a quienes consultaban en caso de dudas.



Esta realidad que vivían me llenó de consternación. No solo porque me doy cuenta de que los medios informáticos solamente le pueden transmitir información, pero nunca sabiduría, no solo porque sus resultados están sesgados por valores y criterios que no suelen ser católicos y por el empobrecimiento que esto puede suponer para quien los consulta, sino también porque uno de los servicios que pueden dar los mayores y que no requiere un gran esfuerzo físico para ellos es intentar transmitir la sabiduría que han acumulado durante toda su vida. Así se lo transmití a mi amigo, veía que era una pena que no pudiese transmitir su sabiduría a sus hermanos de comunidad al igual que estaba haciendo en ese momento conmigo.

Una pareja de personas mayores en un banco

Esta historia me hizo darme cuenta de que algo parecido está pasando en todos los ámbitos de la sociedad. A la habitual diferencia generacional que se ha dado siempre a lo largo de la historia, se une ahora una tecnología que facilita el no recurrir a los mayores, el no tener que recurrir a una persona de más edad para que nos ayude. La comunicación personal, que es la que permite transmitir algo más que conocimientos, se trunca, no solo en las comunidades monásticas, sino en todos los ámbitos sociales. Esto conlleva un empobrecimiento de aquellos que renuncian a aprender de sus mayores y, consiguientemente de la sociedad.

La edad no perdona

Convivo con personas mayores que yo, que me han enseñado mucho, con las que todavía converso y que tienen grandes conocimientos y sabiduría, que se van a ir pronto (la edad no perdona). Esto me lleva a pensar que con ellas se pierde una gran sabiduría que solo nos quedará a través de sus libros y de lo que otros hemos aprendido de ellas. Pero si este canal de comunicación se sigue cortando ¿qué sucederá con la sabiduría de quienes están en la edad adulta cuando dejen de estar con nosotros?

Creo que tenemos que articular espacios donde esto se haga de manera consciente, donde sabios mayores estén dispuestos a conversar durante varias horas (al menos un día) con personas más jóvenes, a responder sus preguntas y a transmitir aquello que han aprendido a lo largo de los años.