Ianire Angulo Ordorika
Profesora de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola

León XIV: dos gestos elocuentes


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Por un motivo u otro, hace unas semanas que no escribo este blog. No ha sido por dejadez, sino cierta sensación de que había sobreabundancia de palabras y no aportaba nada con las mías. La estancia del Papa en España ha dejado tantos titulares y tantas cuestiones a comentar, que tenía la sensación de que, en mi caso, me tocaba callar y acoger sin más. Las palabras y los gestos se han multiplicado en unos días en los que la agenda de León XIV ha sido tan apretada que daba verdadero vértigo.



Son muchos los titulares que el Pontífice deja a su paso por nuestra geografía y, aunque no soy vaticanista y solo he podido seguir la mayoría de los eventos por diferido y a trozos, me resisto a no rescatar algunas imágenes que me han hecho pensar. Habría tanto que decir de las palabras que se han pronunciado en estos días que prefiero limitarme a una selección de escenas, apenas dos, que me resultan tanto o más elocuentes que cualquier discurso.

El papa León XIV en el encuentro 'Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la

El papa León XIV saluda a Pepe Álvarez, secretario general de UGT, durante el encuentro ‘Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte’, en el Movistar Arena de Madrid. Foto: EFE

La primera escena, más que una fotografía, podría ser un mosaico compuesto por momentos en los que se podía ver juntas a personas que habitualmente se sitúan en las antípodas ideológicas unas de otras. En el encuentro del Papa con la sociedad civil pudimos ver a sindicalistas y a la patronal hablando juntos o a políticas, con posicionamientos radicalmente opuestos, sentadas una al lado de la otra y participando juntas de cuanto ahí sucedía.

En esos momentos me resultó inevitable recordar esa profecía de Isaías que afirmaba cómo “serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá” (Is 11,6). Esta armonía entre lo distinto, que caracteriza el tiempo mesiánico, no supone difuminar diferencias. De igual manera, tampoco ahora es deseable que todos pensemos igual, pero sí que busquemos juntos caminos hacia el bien común. 

La segunda y última imagen que quiero rescatar es la que tuvo lugar en el muelle de Arguineguín. En ese lugar, que ha sido testigo de tantas historias dramáticas que han llegado hasta nuestras orillas o naufragado sobre débiles cayucos, el Papa hizo una ofrenda floral en recuerdo y oración por tantas personas, anónimas para nosotros, que perdieron la vida en esas aguas. Ese gesto, dedicado a difuntos cuyos nombres y rostros desconocemos, me hacía recordar cómo la tradición judía entiende que los muertos no lo están del todo si alguien los recuerda.

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El papa León XIV durante el encuentro con más de un millar de inmigrantes en el muelle de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria. Foto: EFE.

Lanzar esas flores al mar es, en realidad, confiar en la memoria divina, mucho más fuerte que la de una madre, pues “¿acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido” (Is 49,15).

Dejando a un lado tantas palabras llenas de mensaje y sentido, hoy rescato dos gestos que, siendo elocuentes, lo son aún más a la luz de la Palabra. Y tú ¿con qué imagen te quedas?