No hace falta ser una experta en política internacional para darse cuenta de que hace mucho que parecen haberse roto las reglas del juego y el tablero del mundo se lo andan jugando entre unos y otros, a golpe de ver quién es el más fuerte. No puedo evitar tener la sensación de que una de las grandes potencias se encuentra en manos de un niño caprichoso y fanfarrón que no tiene ningún reparo en imponer por la fuerza sus intereses a costa de lo que sea, lo que resulta muy peligroso. Lo peor de todo es que, en un panorama cada vez más polarizado, no siempre es tan evidente como debería serlo que, si no hay normas de juego, estamos ante la ley del más fuerte. Más allá de que nos gusten o no algunas consecuencias, ningún fin justifica medios ilícitos y unilaterales, y en eso convendría estar todos de acuerdo, se sea de una u otra ideología política.
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Quiero y lo hago
En medio de este revuelo, me ha resultado especialmente gráfica una tira cómica de los ilustradores Gallego y Rey. En ella, Trump está representado como un bebé llorando en medio de una rabieta y el mundo aparece con un paquete de pañales. Cuando parecía que el mundo tenía la intención de calmar la situación, en la última viñeta aparece que es él quien termina colocándose uno de esos pañales. La escena me recordaba a la que dibuja Mateo en su evangelio de la infancia y que estos días estamos recordando. De manera paradójica, el evangelista presenta la fragilidad envuelta en pañales y un Herodes que también parece un niño caprichoso que aplica para sí el “puedo, quiero y lo hago”. Este es el modus operandi más tentador de quienes ostentan algo de poder y resulta abusivo en sí mismo, nos beneficie o no el resultado.
Ninguno de nosotros estamos exentos de la tentación de saltarnos los caminos trazados y buscar atajos para alcanzar aquello que nos parece un fin que consideramos valioso o loable. Así, incluso en nombre de Jesucristo y su Evangelio, somos muy capaces, por ejemplo, de traspasar las finas líneas que separan la influencia de la manipulación, la vinculación afectiva del juego afectivo o el apoyo del grupo de la sutil presión que este ejerce en sus miembros. Las similitudes entre la viñeta de Gallego y Rey y el evangelio son limitadas y paradójicas, regalándonos chispas de esperanza. Si bien el pasaje de la matanza de inocentes pone en evidencia las duras consecuencias que siempre tiene para muchos ese “puedo, quiero y lo hago” (cf. Mt 2,16-18), Dios cambia las tornas y el poderoso Herodes es quien se llena de miedo mientras la fragilidad envuelta en pañales resulta ser el Rey al que adorar (cf. Mt 2,1-3).
