Mi madre dice que viajo más que el baúl de la Piquer y que me muevo como un repartidor de Amazon. La verdad es que los kilómetros que, a lo tonto, voy haciendo suelen responder a un turismo bastante limitado a estaciones de trenes, buses y aeropuertos. Las circunstancias hacen que muy pocas veces pueda aprovechar para visitar las ciudades a las que voy. Hace unas semanas y con motivo de un congreso tuve la oportunidad de estar un par de días en Barcelona.
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El horario no daba para mucha visita turística, pero sí para patear sus calles e ir captando esas sensaciones que solo se perciben cuando caminas entre la gente. Además de edificios preciosos, me llamó la atención algo realmente prosaico, pero que, como sucede a veces, me ha hecho pensar que esconde una idea más profunda. Junto a la Basílica de Santa María del Mar había una tienda llena de caganer de todo tipo, tamaño e identificación.
Para quienes no conozcan esta tradición catalana, el ‘caganer’ es una figura que se pone en los belenes y que, como su propio nombre indica, está en cuclillas haciendo sus necesidades. El caso es que, como demuestra el amplio surtido de esa tienda, se ha convertido ya en algo más que una pieza de nacimiento. En las estanterías del establecimiento se podía encontrar a cualquier personaje de actualidad, reales o de ficción, en dicha comprometida posición. Políticos, futbolistas, superhéroes… ningún personaje público parece librarse de tener su propio ‘caganer’, lo que no deja de transmitir un mensaje mucho más profundo de lo que podría parecer.
Más allá de la burla y la ironía, estas representaciones nos recuerdan que, por mucho poder que ostentemos o por mucho reconocimiento social que tengamos, somos meros seres humanos, con necesidades que nos pueden poner en situaciones tan delicadas como la que vivió el rey Saúl cuando entró en una cueva para esta misma cuestión, quedando desprotegido ante sus enemigos (cf. 1 Sam 24,4-5). Si hasta personajes como Spiderman o el Capitán América son representados en tal posición… ¿cómo no reírnos de los anhelos de grandeza, sean propio o ajenos?
Humanos frente a todo
Hay un elemento subversivo y liberador en esto de reconocer y acoger nuestra frágil humanidad, porque nos sitúa en nuestro justo lugar. Frente a cualquier pretensión de considerar que “todos somos iguales, pero algunos más que otros”, ante cualquier inquietud por vivir buscando el reconocimiento ajeno, frente a toda presión, interna o externa, por ganarnos el reconocimiento o por adquirir posiciones de influencia… ¡pongamos un ‘caganer’ en nuestra vida!
