Rafael Salomón
Comunicador católico

Historias que permanecen y nos acompañan


Aunque físicamente se han ido, algo de ellos se queda en nuestras vidas: sus palabras, enseñanzas, sus objetos e historias permanecen y nos acompañan en todo momento. Quienes se adelantan en este “camino de la vida”, dejan un vacío enorme, pero también se queda una buena parte de ellos. Bien dicen que nadie se va del todo y coincido con este pensamiento, porque el amor a nuestros seres queridos nos permite recordar con mucho cariño a quienes ya no están.



La promesa de la vida es que todos algún día nos iremos de este lugar, por ello es importante vivir lo que nos corresponde, porque nadie conoce el momento, nos sorprende, no avisa y simplemente, para todos llegará la muerte. Aunque lo sabemos, algunos viven como si nunca fuera a suceder, pasará y la sugerencia es disfrutar la vida con todo lo que nos da y nos quita.

Por cierto, todos tendremos la experiencia de perder a un ser querido, eso nos unirá en el dolor de la pérdida, una herida que toda la humanidad conoceremos y que al tenerla, transformará toda nuestra existencia.

El proceso de morir y el duelo

La doctora Elisabeth Kübler-Ross es una psiquiatra suizo-estadounidense, reconocida mundialmente por sus investigaciones sobre la muerte, el proceso de morir y el duelo; su trabajo es especialmente importante para hablar del dolor que experimentamos cuando alguien a quien amamos muere.

Día de muertos en un panteón de Oaxaca

Día de Muertos en un panteón de Oaxaca, México. Foto: EFE

Ella ayudó a cambiar la manera en que la sociedad entiende el acompañamiento a las personas que están muriendo y a sus seres queridos.

Muchos planes sin concretar, abrazos postergados, tiempo que derrochamos en cosas que a veces no edifican el amor. Lágrimas que expresan arrepentimiento cuando ya no se puede hacer nada, culpas por omitir acciones, palabras que no se expresaron y eso también duele. ¿Cómo me recordará mi familia? Tal vez por mi pluma fuente, un libro, una composición o un micrófono, las pláticas que he compartido con cada uno de ellos.

“Reconocí mi finitud”

Deseo que recuerden el amor que siempre les he querido dar y que a veces no pude expresarlo como me hubiera gustado. Hablar de nuestro final, para algunas culturas no es algo cómodo, más bien se evita o está reservado para cuando suceda; por esta razón es muy importante tener una relación saludable con el tema, pasará hablemos o no, es una promesa que se cumplirá: “Quienes tenemos vida, pasaremos por la muerte”.

Cuando entendí, acepté y reconocí mi finitud, comencé a tener una relación saludable con el tema, sin prejuicios, sucederá como un acontecimiento inevitable y entonces será el momento, hasta ese entonces.

Mientras, viviré cada día con gusto, compartiendo amor y confiando en Dios, en su promesa en lo que mi fe profesa: “…Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro, amén”. (Credo Niceno-Constantinopolitano, es el que normalmente se reza durante la Santa Misa).