Rafael Salomón
Comunicador católico

Hacer a Cristo presente en la realidad


Hay algo que deberíamos reconocer con humildad: el mundo cambió y, en muchos aspectos, nuestras formas de evangelizar no cambiaron al mismo ritmo. De ninguna manera pretendo que sea una acusación, al contrario, es una gran oportunidad. La Iglesia tiene un mensaje eterno, pero las personas que necesitan escucharlo viven en un contexto completamente diferente.


Hoy conversamos, trabajamos, compramos, aprendemos, nos informamos y hasta construimos relaciones a través de una pantalla. ¿Por qué pensar entonces que la experiencia de fe puede permanecer completamente al margen de esta realidad?

El desafío pastoral de nuestro tiempo no consiste en elegir entre la Iglesia ‘de antes’ y la Iglesia ‘moderna’. Esa discusión, además de simple, nos hace perder de vista lo verdaderamente importante. La pregunta es otra: ¿Cómo hacemos presente a Cristo en la realidad concreta del hombre y la mujer de hoy?

Vivir la sinodalidad como una actitud

Necesitamos una renovación pastoral que no tenga miedo de escuchar. La pedagogía sinodal puede ser una respuesta, pero solamente será auténtica si dejamos de entender la sinodalidad como una palabra de moda y comenzamos a vivirla como una actitud: Escuchar antes de responder, dialogar antes de juzgar y caminar antes de señalar el camino.

Jesús fue un extraordinario maestro del encuentro, no evangelizaba desde la distancia, se acercaba al ciego, al leproso, a Zaqueo, a la samaritana, a los discípulos desconcertados. Preguntaba, escuchaba, miraba a los ojos.

En el camino de Emaús, por ejemplo, Cristo pudo haber comenzado con una lección teológica. ¡No lo hizo! Primero caminó con aquellos hombres desconcertados y les preguntó qué les ocurría: “Él les dijo: ‘¿Qué vienen discutiendo por el camino?’. Ellos se detuvieron, con el semblante triste”. Lucas 24,17.

Mujer con Cristo

Mujer con Cristo. Foto: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe

La vida digital también es vida humana

¡Qué enorme lección pastoral para nosotros! Antes de hablar de Dios, necesitamos saber qué está viviendo la persona, antes de preparar una estrategia, debemos escuchar una historia y antes de publicar un mensaje, requerimos preguntarnos quién está del otro lado de la pantalla. Y aquí aparece otro desafío: Lo digital. No podemos seguir hablando de internet como si fuera un mundo paralelo, la vida digital también es vida humana.

Allí hay jóvenes que buscan respuestas, adultos que atraviesan soledades, personas heridas por experiencias religiosas, creyentes que necesitan formación y hombres y mujeres que quizá jamás entrarían a una parroquia, pero que sí se atreverían a escribir un mensaje privado preguntando: “¿Puedo volver a acercarme a Dios?”; ¿estamos preparados para responder?.

Porque evangelizar digitalmente no es simplemente transmitir una misa en Facebook o publicar una cita bíblica en Instagram, eso puede ser valioso, pero resulta insuficiente. La pastoral digital necesita interacción, escucha, acompañamiento y comunidad. No podemos ni debemos convertir el Evangelio en contenido; tenemos que convertir el contenido en una oportunidad de encuentro con el Evangelio.

Una Iglesia que sabe escuchar

San Pablo decía: “Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para salvar a toda costa a algunos”. 1 Corintios 9, 22. San Pablo hablaba de la capacidad de acercarse a cada persona desde su realidad, sin perder el Evangelio, para poder anunciar a Cristo y llevar a otros a la salvación. No cambió a Cristo para agradar a la cultura de su tiempo, cambió su manera de acercarse a ella, ese puede ser uno de los grandes aprendizajes para la Iglesia del presente.

No se trata de perseguir tendencias, de competir con ‘influencers’ ni de convertir la fe en entretenimiento. Se trata de utilizar responsablemente los lenguajes contemporáneos para comunicar una verdad que nunca envejece. Porque detrás de cada pantalla hay un rostro, detrás de cada comentario hay una historia,  de cada pregunta puede existir una herida y detrás de muchas personas que aparentemente están indiferentes a Dios puede haber un corazón que simplemente está esperando que alguien lo escuche sin condenarlo.

La pastoral digital comienza ahí, no en el micrófono, no en el algoritmo y tampoco en una estrategia de comunicación. ¿Estamos preparados para escuchar al hombre de hoy con el mismo amor con el que Cristo lo escucharía? Porque una Iglesia que sabe escuchar nunca deja de ser joven. Y una Iglesia que se atreve a salir al encuentro nunca deja de ser misionera. Hagámoslo desde el corazón de una Iglesia que vuelve a aprender a mirar al ser humano como Jesús lo miraba.