Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Las fallas y el fuego que purifica


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Las pasadas fiestas falleras estuve viendo como una de las fallas plantadas en Valencia y en sus alrededores sucumbía al fuego. Esta vez fue la que estaba debajo de mi casa. Una falla sencilla, de comisión de barrio, sin grandes pretensiones artísticas, pero especial para todos los falleros de la comisión que realizan un esfuerzo año tras año para ofrecernos una fiesta en la que este monumento de cartón piedra, madera y/o poliestireno es el centro.



Siempre quedo absorto por el espectáculo de un fuego que va consumiendo poco a poco las figuras de la falla. Todo comienza con una traca y algunos fuegos artificiales que explotan rodeándola y provocan que el fuel con la que ha sido regada antes de comenzar su sacrificio, se encienda rápidamente. Las llamas van poco a poco colonizando el centro de la falla y comienzan a provocar que los colores de los ninots vayan perdiendo su viveza para transformase en unas fotos en blanco y negro envueltas en el vivo rojo y el amarillo del fuego que los consume.

Las figuras que componen la falla van desapareciendo poco a poco, con mayor o menor velocidad, consumidas por el calor que las abraza hasta matarlas para dejar a la vista la estructura de madera que las ha soportado desde que nacieron en los talleres de los artistas. Poco a poco, solamente queda ese fuego que pierde viveza pero que va ennegreciendo ese esqueleto en el que ha quedado la fantasía y la belleza de la falla a la que daba soporte. Rojas cenizas siguen alzándose hacia el cielo para no caer en el lecho de arena sobre el que descansaba el monumento, mientras el agua de los bomberos intenta apagarlas para que no huyan expandiendo su destrucción a otros lugares.

Fallas Valencia 2025. Foto: EFE

Todos los restos acaban descansando sobre el lecho de arena de la falla, para crear una pequeña loma de brasas que indica que la fiesta ha terminado. Todo se ha esfumado en unos minutos. A veces queda algún ninot recalcitrante que parece que se niega a perecer y bomberos vestidos con trajes de protección los empujan porque nadie puede quedar con vida, todo debe quemarse. La fiesta ha terminado y el himno de Valencia suena provocando las lágrimas de muchas personas que llevan días durmiendo poco y viviendo un amasijo de diferentes emociones a lo largo de las jornadas falleras.

Fuego purificador

Y ahí estaba yo, desde mi casa, protegido por el cristal que me permitía ver ese espectáculo y disfrutando del fuego. ¿Por qué las llamas producen ese efecto tan hipnótico? ¿Por qué nos quedamos ensimismados contemplando una buena hoguera? ¿Por qué somos capaces de olvidarnos de todo tan fácilmente cuando estamos frente a un buen fuego? No sabría decirlo. Lo que sí sé es que la fiesta de fallas gira alrededor de ese fuego purificador. ¿Por qué se queman esas verdaderas obras de arte? Por que si no, no tendría sentido hacerlas, porque el rito purificador nos recuerda que la vida es un ciclo y, cuando algunos nos vayamos, estarán otros para reemplazarnos.