Al terminar el año, son muy frecuentes las propuestas para mirar de frente a nuestra vida. Del mismo modo que, con los primeros días del año nuevo, nos llegan sugerencias para situarnos conscientemente y seguir viviendo como cada cual quiera. El calendario nos regala de manera natural (aunque sea por mera convención sociocultural) un tiempo de paso, de transición, de parar y reelegir caminos en lo cotidiano. Quizá otra de las señales de una búsqueda espiritual creciente y muy diversa, pero no por ello menos auténtica, en nuestra sociedad.
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En España, además, la tradición de los Reyes Magos tiene un arraigo tan especial que nuestra vuelta al ritmo ordinario pasa por días de regalos dados y recibidos, de ilusiones, de encuentros de familia y amigos. El texto bíblico narra la escena de la adoración en un portal o establo, a las afueras, junto a esos maleantes del año cero que eran los pastores. Aunque no siempre soy consciente, cuando caigo en cuenta de lo políticamente incorrecto que es este momento, me conmueve. Pero hoy quiero fijarme en el versículo final: “Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino” (Mt 2,12).
Todavía estamos iniciando enero. Todavía nos quedan oportunidades de resituarnos, si queremos, claro. Parece un buen plan pasar por los Sabios de Oriente, el amenazante Herodes y el descubrimiento de un Dios encarnado entre pajas ante el que inclinarnos. Nos recoloca en nuestro lugar, si nos dejamos:
- ¿has visto la estrella? No digo ver esa luz que ha dado sentido a tu vida, que hizo que tomaras decisiones importantes en algún momento. No. Me refiero a ver “la estrella” en tu aquí y ahora. Esas pequeñas o grandes señales de por dónde seguir viviendo y cómo hacerlo. La grandeza de las señales es que solo se ven si queremos verlas, si le damos sentido. Nada será una señal si no queremos que lo sea, si no prestamos atención, si no lo interpretamos con aquello que nos sucede. Por definición, las señales tienen múltiples lecturas y cada uno elige la que quiere. Lo contrario sería magia. ¿Qué señales estás recibiendo?, ¿cuáles acoges?, ¿cómo estás colaborando con ellas?
- ¿sabes quién es tu herodes? El panorama internacional está repleto actualmente de reyezuelos que se creen capaces de tomar decisiones por encima de todo: del derecho internacional, de los principios morales básicos, del respeto a la vida y la autonomía del otro… Y les estamos dejando, me temo. Los Sabios de Oriente supieron gestionarlo bien. Y nos dan una clave: volver por otro camino. En nuestra vida personal también nos pasa. Pero hay que ponerle nombre al herodes de turno que quiere degollar la vida y las iniciativas que nos van naciendo, porque se sienten amenazados por ella. Y, sin embargo, con demasiada frecuencia, somos incapaces de tomar distancia, de seguir por otros caminos, de no hacer el juego a sus caprichos narcisistas y patológicos. Esas personas que, bajo capa de bien, nos dicen qué tenemos que hacer y cómo. Nos lo dicen directamente algunas veces, pero casi siempre de manera oculta y sibilina. Ahí está la dificultad. Y hay que elegir. En la familia, en el trabajo, entre amigos…, por todos lados pueden colarse herodes. Ojalá seamos capaces de dejarlos con sus fiestas y boatos particulares y, simplemente, sigamos dando vida por otro lado.
- ¿dónde te inclinas? Adorar es una decisión que pone en juego nuestros afectos, nuestra voluntad, nuestra capacidad de acción. De hecho, en griego, adorar significa literalmente hacia-besar (‘pros-kynéo’), dirigirnos a lo que besamos, como la gran expresión de respeto y orientación vital. Inclinarse y adorar en un pesebre es un gesto admirable. Habla tanto de aquel al que se adora como de quienes son capaces de adorar en un establo. Son capaces de ver más allá y reconocerlo. Si eres creyente, ¿dónde adoras a Dios?, ¿dónde lo encuentras y reconoces? Porque si lo tuyo no es pasar por muchos pesebres, difícilmente vas a encontrar al Dios de Jesús. Y si no eres creyente, pero sí un buscador, ¿dónde encuentras la esencia de la vida?, ¿dónde la reconoces hasta el punto de besarla y adorarla? Porque hacia allí irán tus afectos, tus fuerzas, tus sueños.
Señales
Avisados estamos. Nos llegan señales, vemos estrellas que pueden guiarnos, si queremos. Reconocemos a herodes patológicos que intentarán sacarnos el mayor provecho sin ninguna intención de que nuestra vida crezca. Y sabemos que las cosas más preciosas se nos dan en la simplicidad de las afueras, de los pesebres escondidos. Avisados estamos. Caminemos a por el nuevo año.