La copa
El Complejo Deportivo Rías do Sur de Pontevedra se convirtió este fin de semana en el epicentro mundial de la natación artística al acoger la cuarta etapa de la Copa del Mundo de World Aquatics –al parecer en esta disciplina no se habla de mundial–. Durante tres intensas jornadas de competición, la selección española firmó una actuación histórica ante su público, liderada por una estelar Iris Tió que se consagró como la reina indiscutible del campeonato, según destaca toda la prensa deportiva.
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La nadadora catalana logró un espectacular triplete de medallas de oro tras imponerse con autoridad en las finales de Solo Técnico –con la barbaridad, imagino, de 262.8650 puntos–, Solo Libre –268.7725 puntos– y en el Dúo Libre junto a su compañera Lilou Lluis, superando en esta última disciplina a las exigentes delegaciones de Francia y México, que son muy buenas según el portal Olympics.com.
El éxito de la delegación nacional se extendió también a la categoría masculina gracias al brillante papel de Eneko Sánchez. El nadador sumó tres valiosas medallas de plata para el palmarés español, logrando el subcampeonato en las modalidades de Solo Técnico, por detrás del italiano Filippo Pelati, y Solo Libre, escoltando al británico Ranjuo Tomblin, además de subirse al segundo escalón del podio en la prueba de Dúo Mixto Técnico junto a Carla Lorenzo.
Por su parte, el conjunto nacional no defraudó en las rutinas colectivas y se adjudicó con solvencia la medalla de oro en la exigente final de Equipo Técnico, consolidando el dominio global del país en este evento.
Más allá del medallero oficial, el fin de semana dejó momentos muy emotivos para la afición gallega –según leo en La Voz de Galicia–, especialmente los protagonizados por la joven pontevedresa Daniela Suárez. A sus 17 años, la nadadora local desató la locura en las gradas y, aunque finalizó en la octava posición en la disciplina de solo técnico, se llevó el reconocimiento más caluroso de sus paisanos en lo que los medios han bautizado como el premio del público.
Esta exitosa cita en tierras gallegas ha cerrado por todo lo alto el circuito regular de las Series Mundiales, sirviendo como la antesala perfecta antes de que los mejores atletas del mundo se vuelvan a ver las caras en la gran Superfinal que se disputará en Canadá el próximo mes de junio.
La iluminación
En las semanas previas a la competición se dio a conocer la rutina preparada por el equipo español de natación artística para esta competición. La seleccionadora Andrea Fuentes ha sido la encargada de crear una impactante coreografía destaca por una dificultad técnica sin precedentes, según los expertos. Esta dificultad viene en parte porque se hace a partir de la canción “Berghain” de Rosalía.
En Teledeporte, que fue donde se estrenó este ejercicio antes de su desarrollo en Pontevedra, explicó cómo esta canción le inspiró completamente para un nuevo ejercicio acrobático del equipo. “Estaba delante del monasterio de San Cugat [ndr. lugar donde se encuentra el Centro de Alto Rendimiento del equipo] y además era una bajada que vas caminando y tienes el monasterio delante muchos metros, vas desde arriba y los vea ahí… era como si viera a Dios de repente, o sea, el momento que canta y ya tenía el monasterio delante… se acabó la canción y play, play, play…” relata emocionada la seleccionadora. Y es que el monasterio románico es uno de los mayores exponentes del arte medieval de Cataluña.
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La canción
En esta canción del disco ‘LUX’ colaboran con Rosalía los artistas Björk e Yves Tumor. Lo que a primera vista parecía un simple homenaje a la mítica e inaccesible discoteca de Berlín que da nombre a la canción, ‘Berghain’, ha resultado ser una obra compleja y cargada de simbolismo, según se ha publicado en los últimos meses. En algunas de las muchas entrevistas que ha dado la artista catalana ha precisado que aunque el título evoca de inmediato las noches industriales y el misticismo oscuro del club berlinés, la propia Rosalía aportó una perspectiva diferente en sus entrevistas. Para ella, más allá de la fiesta, la canción se lee como una metáfora visual y emocional de perderse en la espesura de un bosque o en el laberinto de la mente cuando se atraviesa una crisis personal.
Mientras, algunos de los críticos musicales empezaron a hablar del tema como una auténtica plegaria nocturna que se mueve entre la luz y la oscuridad. La canción juega constantemente con los contrastes a nivel idiomático y conceptual. Con su registro cercano al de una soprano de ópera y la participación de la Orquesta Sinfónica de Londres, Rosalía canta sobre el miedo, la sangre y la “intervención divina”. Además, en redes se ha analizado cómo la imaginería católica del videoclip (como el Sagrado Corazón sobre la cama) refleja la carga de la culpa y la sobrecarga emocional.
La narrativa del videoclip, por su parte, presenta la canción como las fases de superación de una relación nociva, según ha destacado la propia Rosalía:
- La pérdida de identidad: Versos como “Solo soy un terrón de azúcar… sé desaparecer” ilustran ese proceso en el que una persona se diluye por completo al fusionarse con una pareja dañina.
- El corazón irreparable: En el vídeo, Rosalía lleva un dije de un corazón de oro a un joyero/tasador que le dice que no tiene arreglo y carece de valor, simbolizando la autoestima destrozada tras el desamor.
- La sanación: Su posterior transformación en una Blancanieves rodeada de naturaleza y, finalmente, su metamorfosis en ave, se interpretan como el renacer, la purificación y la reconquista de la libertad.

