Mucho se está hablando de la financiación de las Comunidades Autónomas, a raíz de un acuerdo entre el Gobierno y los independentistas de ERC para cambiar el actual modelo de financiación, en que se subraya el llamado principio de “ordinalidad” (u “orinalidad”, como lo llaman algunos), según el cual, si se contribuye más a la caja común, también hay que recibir más, lo cual destruiría el principio básico de la solidaridad entre Comunidades. Resulta casi enternecedor ver a la ministra de Hacienda haciendo juegos malabares argumentativos para afirmar que con ese acuerdo de financiación todas las Comunidades Autónomas saldrían ganando, a la vez que se favorece a una de ellas. No es cosa menor ver a socialistas defender un proyecto económico y social en el que lo que se defiende es la desigualdad.
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En los evangelios encontramos una expresión que, aparentemente, se parece mucho a lo de la “ordinalidad”: “Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene [o cree tener]”. Con ligeras variantes, aparece en los tres evangelios sinópticos: Mt 13,12; 25,29; Lc 8,18; Mc 4,25. Pero el parecido es solo aparente.
Ley de la abundancia
Dicen los expertos que la explicación del paradójico dicho tiene que ver con su relación con el reino de Dios, de modo que el que tiene o recibe el Reino tendrá más, y el que no tiene o rechaza el Reino perderá eso que tiene o cree tener (por ejemplo, la posición privilegiada del judaísmo en el designio de Dios). Por eso Joseph Ratzinger ‒el papa Benedicto XVI‒ habló de la “ley de la abundancia”, según la cual ‒en palabras de Gerhard Lohfink‒ “Dios da más de lo que necesitamos, más de lo que nuestro anhelo sueña, incluso más de lo que podríamos imaginar. Esta ley básica de la historia de la salvación” es la que se formularía en el dicho evangélico que comentamos.
Es probable que el “escándalo” que despierta en la mayoría de nosotros el dicho se deba a nuestra sensibilidad social. Pero, si la interpretación que se acaba de presentar es correcta, no debemos tener cuidado, ya que los evangelios no estarían hablando de economía, sino de otra cosa bien distinta. Además, habría que tener en cuenta que la paradoja, el exceso o incluso la desmesura es un componente que vemos con cierta frecuencia en la enseñanza de Jesús.
O sea, que si alguien estaba tentado de apelar al Evangelio para dar respaldo a una medida económica y social profundamente injusta, es mejor que busque otro texto o, mejor, que cambie la medida.
