¿Es hermosa la Creación?


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En la última entrega de este blog mencionábamos la localidad gaditana de Grazalema, emblema de las inundaciones sufridas en esta serie de borrascas que hemos padecido. Aparte de la lluvia, los geólogos han señalado que, por la particular orografía del terreno ‒roca caliza de tipo kárstico‒ , las inundaciones en esa hermosa localidad no provenían solo del cielo, sino también del suelo. (Situaciones semejantes se han visto, al parecer, también en otras localidades, como Ubrique y Albacete).



Resulta curioso que esa inundación que se produce por arriba y por abajo es precisamente el modo en que el relato bíblico narra el diluvio: “En el año seiscientos de la vida de Noé, el día diecisiete del segundo mes, reventaron las fuentes del gran abismo y se abrieron las compuertas del cielo, y estuvo lloviendo sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches” (Gn 7,11-12). Naturalmente, el cese del diluvio se produce de la misma manera: “Se cerraron los manantiales del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo” (8,2).

El agua del mar azota el paseo marítimo de Andratx (Mallorca).

Evidentemente, el texto tiene en mente una concepción cosmológica propia de la antigüedad, según la cual el cielo es un lugar físico (en la Biblia se le llama “firmamento”, en hebreo, ‘raqiá’, que tiene el sentido de una superficie sólida). Esa placa que es el cielo tiene la función de separar las aguas de arria de las de abajo (estas últimas serán después a su vez separadas de la tierra). De este modo, la lluvia se entenderá, en primer lugar, como la caída de esas agua superiores: agua que cae cuando se abren las compuertas, o ventanas, o claraboyas de que dispone el cielo.

Al mismo tiempo, y en segundo lugar, al diluvio colabora el agua que viene de abajo, que procede del abismo sobre el que está asentada la tierra. Un agua que normalmente es mansa y benéfica y que es la que surge en fuentes y manantiales. Pero, en el diluvio, esas fuentes revientan y sus aguas se juntan violentamente con las que vienen del cielo.

Anticreación

Decíamos al final de la anterior entrega que el diluvio bíblico se concibe como una “anticreación”, habida cuenta de que la creación en Gn 1 se había llevado a cabo por medio de la separación. En todo caso, las imágenes que hemos podido ver en las televisiones ‒no digamos la situación que han tenido que sufrir los afectados‒ remiten casi inmediatamente a una especie de “fin del mundo”, una destrucción que se sitúa, en efecto, en las antípodas de la “creación”, que en el relato bíblico se dice que es ‘tob’ ‒algo bueno y hermoso‒, y que los griegos llamaron “cosmos” por la belleza de su armonía.