Teóloga y psicóloga

Entretejiendo vida


Compartir

Casualidades o no, este año el tercer domingo de cuaresma es 8 de marzo, Día de la Mujer, y el evangelio nos propone caminar con la Samaritana.



Quizá, excesivamente, hemos unido la cuaresma al desierto y la sequedad. Sin embargo, una vez que atravesamos las tentaciones, se nos propone un camino entretejido de luz, agua, curación, esperanza… Tras las tentaciones, habitamos la poderosa luz y calma de la Trasfiguración, nos sentamos a beber con la samaritana de un manantial que brota como un surtidor de vida; después seremos testigos de ciegos que recuperan la vista y de mujeres que sin negar la muerte están dispuestas a abrirse a la esperanza. Quizá, tendríamos Cuaresmas más reales y aterrizadas en la vida si dejáramos que la Palabra rompa algunos estereotipos adquiridos que se quedan cortos. Caminar hacia la Pascua, año tras año, día tras día, no es solo atravesar desiertos y oscuridades. Es también abrirnos a la luz, al milagro cotidiano de presencias que nos acompañan, a invitaciones a crecer y ver donde estábamos ciegos, a recuperar espacios de sufrimiento y pérdida para que la vida tenga posibilidad de avanzar.

La jefa de obra Marta Cabanillas, presidenta de la asociación Construïm Juntes, pensada para

La jefa de obra Marta Cabanillas, presidenta de la asociación Construïm Juntes, pensada para visibilizar el papel de la mujer en la construcción

Cualquier camino de conversión, de cambio, de mejora, también se entrelaza de ambas experiencias. Luchar por la paz, denunciar abusos, reclamar derechos, elegir de qué lado estamos en cada ocasión… , todo son oportunidades para decirnos quiénes somos y quiénes queremos ser. Es cierto que el sufrimiento es una escuela de vida, cuando somos capaces de transitarlo, acogerlo y transformarlo. Pero no lo es menos la experiencia de sabernos queridos, reconocidos, valorados. Podemos revisar algunos aprendizajes que la vida nos ha procurado a cada uno: ¿cuántos han brotado de un sufrimiento no buscado?, ¿cuántos puedes descubrir venidos del amor y la luz?

Una mujer samaritana se nos presenta desde la carencia, desde la sed, pero también desde la libertad de quien busca pozos. Se nos presenta desde el desorden y la mentira relacional, pero también desde la transparencia de quien vive aunque se equivoque una y mil veces.  Se nos presenta desde el anonimato que supone ser mujer, en la época de Jesús y en la nuestra, pero también desde el coraje de lanzarse a contar lo que sabe, lo que ha conocido, a quien quiera escucharla. Y allí, suavemente, la palabra de Jesús confirmándola, aunque los demás no lo entiendan o lo critiquen.

No dejemos de contar

La cuaresma de la vida, no solo estas semanas que cada año celebramos, nos recuerda que no hay camino de crecimiento sin sombras y sin soledad, pero también llenas de luz y de abundancia. La Iglesia reconocerá algún día que para los de Jesús, ya no hay griegos ni judíos, ni esclavos ni libres, ni varones ni mujeres; y entonces los ministerios, los espacios, los roles dependerán de la vocación, la capacidad y la libre decisión de cada uno. No dependerán de ser griegos o judíos, esclavos o libres, varones o mujeres. Mientras llegue ese día (o no), es tarea de todos reconocer el don que se nos ha regalado, dejar que mane abundantemente (también en medio del desierto), disponernos a encuentros inesperados en medio de la vida, a pleno sol, y contarlo. No dejemos de contar por miedo a qué dirán unos u otros. Porque ser mujer, como ser creyente o ser, simplemente, buena persona, no puede medirse solo por la cantidad de sufrimiento acumulado. No encaja con la vida y la luz del evangelio. No encaja con la Pascua del Jesús al que seguimos