En estos días es noticia la salud del papa. León XIV había mostrado previamente una energía y una fuerza admirable; sin embargo, con menos de dos años de pontificado, enfrenta un episodio que marcará los años siguientes.
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Muchos factores juegan a favor: un hombre bien conservado, de 71 años, con hábitos saludables de ejercicio y una rutina de trabajo y descanso estrictamente ordenada. Los martes en Castel Gandolfo ahora cobran sentido.
Por eso, todos esperamos que la recuperación sea pronta y que el papa pueda seguir prestando su servicio a la Iglesia y a la humanidad, que tanto necesita de la valentía y entereza del papa Prevost.
El tema de la salud de los papas siempre ha despertado la atención de la opinión pública. El líder de millones de católicos en el mundo suscita interés por saber cómo se encuentra de salud y, sobre todo, cómo podrá cumplir con sus compromisos.
Un libro que aborda el tema
La claridad informativa sobre la salud del papa es relativamente reciente. La costumbre vaticana de la reserva también alcanzó este tema, pero actualmente es difícil mantenerlo en un perfil bajo.
El libro La salud de los papas, de Nelson Castro, fue publicado en 2021. En él, el autor hace un recorrido histórico por las dolencias documentadas de los pontífices, con un análisis minucioso y detalles inéditos que permiten reconstruir los acontecimientos.
Los papas han tenido que enfrentar diferentes enfermedades. La edad y sus hábitos personales han marcado, en cierta medida, las dolencias que han padecido. Aunque no siempre tuvieron los mejores cuidados, las expectativas de vida también han mejorado, incluso ante los diagnósticos más complejos.
El autor recoge los datos del cáncer de Juan XXIII en 1962. Dice: «No hay registros históricos que permitan corroborar en qué momento el Papa tuvo clara conciencia de su enfermedad: un tumor maligno e incurable que había echado raíces en su estómago».
Esto resulta sorprendente pues muestra el inmenso dolor que lleva el papa Roncalli durante los trabajos del Concilio Vaticano II.
De Pablo VI, Castro señala que también hubo un episodio relacionado con un tumor que lo llevó a cuestionarse si debía continuar o no al frente del pontificado. Ahora ya es conocido y está ampliamente documentado que Pablo VI pensó en renunciar:
«La posibilidad de retirarse estuvo muy presente en la mente de Pablo VI en varios momentos de su papado, y todos tuvieron que ver con sus problemas de salud. Uno de ellos sucedió en 1967, antes de someterse a una cirugía por un tumor benigno —adenoma— en la próstata, patología que se ocultó».
Juan Pablo II, por la duración de su pontificado, fue quien inauguró métodos y formas para atender la salud del papa. En el ámbito comunicativo, la elección de Joaquín Navarro-Valls, médico psiquiatra, como director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, aportó un valor a la manera de comunicar la enfermedad del pontífice.
El libro de Castro señala el episodio en el que a Juan Pablo II le fue encontrado tejido cancerígeno:
«El tumor que se le diagnosticó al santo padre fue un adenoma túbulo-velloso. Por lo tanto, la indicación médica fue la extirpación quirúrgica del pólipo, procedimiento que se realizó en el Policlínico Gemelli el 15 de julio de 1992 (…) Según el diagnóstico, la masa cancerosa, del tamaño de una naranja, comenzaba a volverse maligna. En el mismo acto quirúrgico, al papa se le extirpó también la vesícula, que estaba afectada por la presencia de algunos cálculos».
Benedicto XVI, a pesar de haber sido elegido a una edad avanzada, no presentó complicaciones médicas que exigieran un manejo particular de la información, pues históricamente su renuncia significó un parteaguas.
Francisco y León XIV y la salud pulmonar
El libro de Nelson Castro fue escrito durante el pontificado del papa Francisco. Entre las novedades de la obra se encuentra una entrevista inédita sobre su salud. En ella aparece una coincidencia con León XIV: Bergoglio también fue operado de un pulmón, aunque durante su juventud.
Castro recoge en la entrevista los recuerdos de Francisco: «Luego de analizar minuciosamente mi caso, procedió a la realización de una punción pleural para extraer el líquido. Tras ello, comenzaron a tratarme y, para el mes de octubre, cuando ya estaba recuperado, me anunciaron que debían operarme para extirpar el lóbulo afectado porque existía la posibilidad de una recaída. Naturalmente, yo acepté la operación. Fue un momento difícil», contó el papa.
La enfermedad del papa es una muestra de que los pontífices también son humanos: son sensibles, sufren y padecen. Asumen una carga y un peso que necesitan ser sostenidos por el apoyo y las oraciones de todos.
Por eso, más allá de lo noticioso del hecho, ante la condición de salud del papa, corresponde desearle una pronta recuperación y esperar que este momento de cruz y sufrimiento sea un testimonio visible de la entrega generosa de quien sirve a la humanidad.
¡Mucha fuerza, papa León!
Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey
Texto citado: Castro, N. (2021). La salud de los papas: Medicina, complots y fe. Desde León XIII hasta Francisco, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
Foto: Vatican Media
