La soledad es una realidad de nuestros tiempos, ya sea por decisión o por circunstancias, y es que, muchas personas viven aisladas experimentando aislamiento que, en ocasiones, llega a ser difícil de llevar. Otras han decidido llenar esas soledades con mascotas, objetos y cualquier cosa que permita pasar el tiempo, horas, días y años.
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Las personas que viven en soledad hacen de sus recuerdos una parte importante de su existir y es normal, ya que es el recurso que tienen, se trata de volver a vivir otros tiempos; sin embargo, para quienes creen, nunca estarán solos. Nuestra existencia tiene a Dios en todos los momentos de nuestra vida, solo basta aceptar su delicada presencia; a cada instante podemos darnos cuenta que ahí está, que solo es necesario ser receptivos de su presencia.
No cabe duda que viviremos un tiempo de grandes retos cuando queremos demostrar su existencia en nuestros propios términos, dudo mucho que esta forma de pensar se ajuste a la inmensidad de un amor tan perfecto, tan lleno de maravillas creadas para nosotros. No es tan difícil, incluso cuando nos cuesta trabajo percibir su presencia.
Cristo nos fortalece
“No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios”. Isaías 41,10. En la fe de cada persona, incluyendo a quienes viven en soledad, se debiera recordar que nuestro Padre Bondadoso es por siempre: “No te dejaré ni te abandonaré”. Hebreos 13,5. Lo decimos frecuentemente y en ocasiones llega a ser una frase a la que no le damos el verdadero sentido: —Dios está aquí, conmigo— pero ¿verdaderamente lo creemos?
Si fuera así, entonces sentiríamos la presencia de Dios vivo de manera constante en todo momento, transformaríamos nuestra soledad en confianza, nuestro miedo en esperanza, comprenderíamos que Cristo nos fortalece en los momentos en que la soledad pesa como un lastre.
La promesa de Jesucristo es que estará con nosotros hasta el fin del mundo, de manera que, vivamos con seguridad lo que ha prometido y si Él lo dijo, entonces lo creo. Su amor está con aquellos que creen, quienes confían aún en medio de la soledad.
“Creer nos devuelve la esperanza y compañía”
“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”. Salmo 23,4. En eso radica el sentirse acompañado siempre, sabernos amados por un amor que no conoce límites. Y cabe mencionar que los grandes personajes de la Biblia también vivieron momentos de gran soledad, donde la fe llegó a debilitarse, por ejemplo: Moisés, Elías, Job, los apóstoles ¿por qué nosotros seríamos la excepción?
Creer nos lleva a descubrir que Dios permanece fiel en las pruebas, en los problemas, en la cotidianidad de la vida. Las circunstancias de cada persona pueden ser muy diferentes, pero creer nos devuelve la esperanza y compañía. Escrito está: “Nada podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Romanos 8, 38-39.
Para quienes viven en soledad, para quienes han decidido creer, tengamos la certeza que Cristo camina con nosotros y nos sostiene con fuerza, nos expresa con amor que somos profundamente amados y cuidados por Él, por eso si crees, nunca estarás solo.

