“La inteligencia artificial no puede responder a las preguntas sobre el sentido de la vida humana”. León XIV ha situado este viernes los límites de la IA en el centro de su discurso ante la UNESCO, donde ha advertido de que disponer de más información y de herramientas capaces de conectar instantáneamente a personas y continentes no significa necesariamente comprender mejor la realidad.
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El Papa ha visitado la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura durante la primera jornada de su viaje a Francia. Tras ser recibido por su director general, Khaled El-Enany, ha mantenido un encuentro bilateral y posteriormente se ha dirigido a representantes de los Estados miembros, organizaciones internacionales, el mundo académico y la sociedad civil.
Su intervención ha partido de una pregunta que ha atravesado todo el discurso: “¿Qué significa ser humano?”. Una cuestión que, ha señalado, tampoco puede darse por resuelta en el siglo XXI y que está en el centro de la educación, la ciencia, la cultura y la religión.
Más información no significa más verdad
León XIV ha reconocido que las nuevas tecnologías permiten hoy una comunicación hasta hace poco inimaginable. Sin embargo, ha advertido que, mientras resulta posible conectar a personas y continentes de manera instantánea, siguen creciendo nuevas formas de aislamiento, pobreza y abandono.
“La comunicación se ha vuelto mucho más rápida, pero no necesariamente más veraz; la información es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría”, ha señalado el Papa. Por eso, sin una ética compartida, ha añadido, los nuevos canales pueden terminar multiplicando informaciones falsas y utilizando palabras vacías de significado, hasta “dificultar” precisamente aquello que deberían facilitar: “el diálogo”.
“La inteligencia artificial amplifica este problema”, ha advertido el pontífice. Aunque estos sistemas sean capaces de relacionar y procesar datos, “no pueden responder a las preguntas sobre el sentido de la existencia humana, que hunde sus raíces en la experiencia vivida”. “Los seres humanos no pueden vivir sin sentido. El sentido es el oxígeno de la mente”, ha resumido.
Cuando la “inteligencia” no reconoce la dignidad
El Papa ha apuntado, además, que mientras algunos sistemas artificiales reciben el nombre de una facultad propiamente humana —la inteligencia—, la sociedad continúa teniendo dificultades para reconocer la dignidad de determinadas personas. “Nuestra dignidad no es destruida por la enfermedad o el sufrimiento, ni depende de nuestras capacidades”, ha recordado. Al contrario, esa fragilidad “exige un cuidado amoroso en cada etapa de la vida”.
El Pontífice ha recordado que nadie elige dónde, cuándo ni de quién nace y que todos llegan al mundo necesitados “de pan y de palabras, de cuidado y de afecto”. Cuando esa condición compartida se olvida, ha advertido, también cambia la manera de entender la vida: “Ya no se comprende como un don, sino como una mercancía”.
León XIV, en la UNESCO. Foto: Vatican Media
Los menores, especialmente vulnerables
León XIV ha pedido una atención particular a niños y jóvenes ante el desarrollo de las nuevas tecnologías. “En la era digital, su vulnerabilidad nunca debe convertirse en una oportunidad para la explotación”, ha reclamado. La tecnología, ha añadido, debe ayudar a su crecimiento, su educación y sus relaciones, preservando al mismo tiempo “su libertad para pensar y discernir”.
El Papa ha ampliado después la mirada hacia otros colectivos y ha señalado que el verdadero criterio para medir el compromiso de una sociedad con la dignidad humana está en el trato que dispensa a quienes se encuentran en situaciones de mayor fragilidad. En este sentido, ha citado expresamente a “los niños en el vientre materno y en los distintos escenarios de guerra, las personas con discapacidad física e intelectual, los ancianos, los migrantes y refugiados” y a quienes son excluidos por considerarse improductivos. “Son ellos el banco de pruebas de nuestras afirmaciones sobre el respeto de la dignidad humana”, ha subrayado.
La ciencia al servicio de la guerra
“En este momento concreto debemos reconocer que la más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra, porque en ella la propia ciencia se pone al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar”. El Papa ha recordado entonces el preámbulo de la Constitución de la UNESCO, redactado tras la Segunda Guerra Mundial: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben construirse las defensas de la paz”.
Aquel conflicto demostró, ha señalado, que el progreso científico separado de la sabiduría puede convertirse en un arma, que la cultura sometida a una ideología puede transformarse en propaganda y que la educación puede ser utilizada para manipular las conciencias.
De Babel a Pentecostés
León XIV ha utilizado finalmente dos imágenes bíblicas para explicar dos formas opuestas de construir la convivencia: Babel y Pentecostés. La Torre de Babel representa “una unidad impuesta mediante la dominación”. Una tentación que, según el Papa, reaparece hoy en una globalización sin fraternidad, en las imposiciones ideológicas y en aquellas relaciones que reducen la vida humana al comercio.
Pentecostés, sin embargo, representa el camino contrario: una comunidad en la que cada uno mantiene su propia lengua y su identidad sin que la diversidad impida la unidad. “La comunión no suprime en absoluto la diversidad”, ha señalado. En este contexto, León XIV ha reconocido también que las instituciones internacionales atraviesan “una crisis de eficacia”, especialmente cuando el diálogo empieza a considerarse un obstáculo en lugar de una herramienta para la paz.
Frente a esa crisis ha reclamado recuperar una virtud que considera hoy “tan rara como deseada”: la confianza en que las diferencias no constituyen necesariamente una amenaza y en que el diálogo puede generar un bien mayor que el que cada parte alcanzaría por separado.
“Cada niño que nace trae consigo una esperanza. Cada hombre y cada mujer que dedica su vida a la búsqueda de la verdad realiza un acto de esperanza”, ha concluido, pidiendo que educación, ciencia y cultura vuelvan a situarse al servicio de la vida y de la paz.
