De vuelta


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Las naves laterales estaban llenas de gente hasta el trascoro. Y muchos de ellos tenían entre 25 y 40 años. En la nave central, la mayoría eran las personas habituales de siempre, de bastante más edad. No recordaba ver la catedral tan llena. Pero era Miércoles de Ceniza.



Comencé la homilía diciendo que a mí me costaba mucho convertirme. Que cada Cuaresma trazo un plan de cambio que me duraba tanto como los compromisos para el año nuevo. Es decir, poco. Cuando uno habla de sí mismo y lo que dices no es lo que esperan que digas, da la sensación de que todos te escuchan con más interés, sobre todo los más jóvenes.

Y es verdad. Buscamos la perfección, pero quizá lo que deberíamos hacer es buscar a Dios, conocer a Dios y comprender a Dios. Entonces, los cambios se darían de una forma más natural. Es lo que tiene el seguimiento, que miras más al que va delante de ti, al que te precede, que a tus propios pasos. Y les dije: “Creo que la Cuaresma es la búsqueda de lo esencial”.

Una mujer recibe imposición de la ceniza durante la celebración del Miércoles de Ceniza, en La

Les recordé la carta del Papa para la Cuaresma, en la que remarcaba tres palabras, como tres breves capítulos: escucha, ayuno y juntos. Pero si hay algo que me ha llamado la atención, es que las tres palabras hacen referencia a la vida comunitaria, al plural del mandamiento del amor.

Dios, a lo largo de la Biblia, se dirige normalmente a una persona concreta: Adán, Caín, Noé, Abrahán… los profetas. Pero la primera vez que habla a todo su pueblo, la primera palabra que pronuncia es: “¡Escucha! Yo soy el único Dios”. Volver a esa verdad absoluta es un camino difícil, lleno de dificultades, pues nuestra propia religiosidad individualista puede rayar la idolatría. Aquí comienza la verdadera purificación, el camino de vuelta. Para no engañarnos, hay que volver el rostro al pueblo que sufre, a la vida encarnada, a la comunidad, a la Iglesia.

Permaneced en el amor

Quizás por eso nuestro papa León, habla de un ayuno muy especial, que sí tiene que ver con la carne y con la abstinencia, pero, de nuevo, encarnada en la vida comunitaria. No murmuréis, no habléis mal de otros, no insultéis, buscad el bien de todos, en definitiva, permaneced en el amor. Otra vez el camino a lo esencial.

Al final, se nos pide que caminemos juntos. La frase de la imposición de la ceniza está en plural: “Convertíos y creed en el Evangelio”. Por algo será. Un joven, al terminar la celebración, entró en la sacristía y me dijo que le había hecho pensar, aunque se lo había puesto mucho más difícil. Pues eso: ¡ánimo y adelante!