Teóloga y psicóloga

De primavera y Pascua


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Quizá una de las vivencias más asociadas a la Pascua sea la alegría. El Diccionario dice que es un “sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores”. La primera vez que lo leí, me sorprendió. Esperaba algo mucho más concreto, más poderoso, más hilarante. Pero no. Luego me di cuenta de la simpleza: un sentimiento grato y vivo. ¿Quién no lo quiere para sí? Intento que en cada cuaresma no me pase desapercibida esta invitación a sentir de manera grata y viva. Especialmente en cuaresma. Intuyo que es una especie de anticipo de la resurrección, como unas arras pascuales, donde se nos llama a empezar a vivir ya, aquí y ahora, lo que decimos esperar y querer celebrar más adelante. Quizá no hay otra manera de esperar verdaderamente que empezando a vivir, aquí y ahora, lo que esperamos. Quizá es como una señal o prueba de la verdad que entraña esta esperanza nuestra, tan empeñativa muchas veces, de que llegue de una vez lo que esperamos: más alegría, mejor trabajo, amor, amistad, salud, seguridad, abundancia…., lo que sea.



Posiblemente sea este sentimiento grato y vivo lo que mejor define la Pascua. De hecho, hablamos de la alegría pascual que la Iglesia celebrará por 50 días. Y, a veces, pensamos que llegará por puro paso de los días en el calendario, como si dependiera de fechas y ritos, como si cada uno no tuviéramos que poner nuestra parte en ello. A veces se me olvida que la vida entera es una pascua, un camino de luz, de muerte y de resurrección. Y no podemos saltarnos ninguno de los pasos para llegar al siguiente.

Primavera

Algo parecido pasa con la Primavera: estamos deseando que se alarguen los días, que el sol nos acaricie la espalda suavemente, que los brotes florecidos nos saluden caminando hacia casa, que huela más a luz y a vida que en los meses de invierno. Y se nos olvida que esta maravilla que la naturaleza nos ofrece cada año ha de pasar irremediablemente por heladas, tormentas, oscuridades y muchos fríos. Y se nos olvida, también, al menos a mi, todo lo bueno que el invierno nos permite vivir. La Primavera llega cada año recordándonos que brota lo sembrado, que no todo estaba perdido, que nos habita una fuerza de vida siempre mayor que las fuerzas de muerte.

Detalles pequeños e inútiles

Y sí, en el fondo, tanto la alegría pascual como el disfrute de los primeros almendros en flor, pasa por detalles tan pequeños como inútiles. ¡Cuántos árboles han florecido en mi recorrido diario sin que yo los haya percibido ni celebrado! ¿Acaso cambiará algo de la realidad dura y sufriente de tantos porque entremos en Primavera? Seguramente no.

La Pascua de tantos hombres y mujeres buenos puede parecer inútil. La Primavera también. Y sin embargo, ¡cuánta alegría pueden engendrar, cuánta transformación! Todo inútil. Todo bello. Todo imprescindible. Como la Primavera. Como la Pascua hacia la que queremos caminar.