¿De dónde proceden nuestros anhelos?


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No cabe duda de que un ingrediente esencial del ser humano son sus anhelos: anhelamos cosas que, sin saber muy bien cómo, han anidado en nuestro corazón.



En este sentido, la tradición judía es muy rica en interpretaciones cuya base se encuentra en los relatos bíblicos, pero que crecen hasta límites insospechados. Valga como ejemplo lo siguiente. El versículo que dice que “el Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de piel y los vistió” (Gn 3,21), la tradición judía lo enriquece de la siguiente manera: “En la Biblia de Rabí Meír encontraron escrito ‘túnicas de luz’ [en hebreo, ‘luz’ y ‘piel’ se diferencian en una sola letra]: se trata de las ropas del primer hombre, que eran como una lámpara, anchas por abajo y estrechas por arriba. Yisjaq el Mayor dijo: ‘Lisas como una uña y preciosas como una perla’” (‘Génesis Rabbah’ 20,12).

En otra obra tradicional judía, ‘Los capítulos de Rabí Eliezer’ ‒o ‘Pirqé de Rabí Eliezer’ [PRE]‒, se lee: “¿Cuál era el vestido del primer hombre? Una piel de ónice y una nube de gloria lo cubría. Mas, cuando comió de los frutos del árbol, fue desvestido de su piel de uña [identificándola con el ónice] y se vio a sí mismo desnudo, al tiempo que la nube de gloria, levantándose, se alejaba de él, según está dicho: ‘¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿A que has comido del árbol que te ordené que no comieras?’ [Gn 3,11] (PRE 14,2).

Varios jóvenes que votan por primera vez muestran los dedos manchados de tinta tras ejercer su

Sin duda, la curiosa introducción de la uña está relacionado en gran parte con la forma en que se despide el sábado en algunas comunidades, cuando se encienden velas y se danza levantando las manos y mirando las uñas. En efecto, según ‘Los capítulos de Rabí Eliezer’, “Rabí Mana decía: ‘¿De qué manera [se hace la ‘habdalah’, es decir, la ‘separación’ del sábado, que es el recuerdo de la gloria que cubría a Adán en el paraíso]? […] Si no tiene vino, extiende sus manos hacia la luz del fuego, mira sus uñas ‒que son lo más blanco de su cuerpo‒ y dice: Bendito seas [Señor] por las luminarias de fuego’” (PRE 20,2).

Piel de uña

Hay que decir que, también en la tradición musulmana, la pérdida de la “piel de uña” original se entiende como uno de los diez castigos que le fueron impuestos a Adán por su pecado. Así, la uña de los dedos cumple la función de recordatorio del glorioso estado primitivo del ser humano.

De esta manera, una simple uña puede convertirse en motivo para reflexionar sobre la mejor versión de nosotros mismos.