Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Con justicia, el mundo es un lugar mejor


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El tema de la justicia como virtud cardinal es una exigencia permanente en un mundo en el que se cometen tantos abusos y atropellos, sobre todo porque quienes ostentan la autoridad.



Las víctimas realmente merecen no solo la atención, la visibilidad sino también la justicia, y si es posible, resarcirse el daño cometido. Sus llantos claman al cielo.

No es un asunto únicamente de legalidad, aunque una justicia sin ley no es justicia, sino además de recibir la consecuencia de lo realizado, es decir, lo que corresponde por decisiones y acciones.

Un mundo con justicia sin duda alguna es un lugar mejor, cuando un criminal es capturado y sometido al sistema sin menoscabo de sus derechos humanos, sino con la intención de que pueda ver el mal cometido y por qué no, también arrepentirse, hacen del mundo y la humanidad una causa valerosa.

Justicia

Justicia que construye el bien

No es un asunto de alegrarse porque no es revancha, sino el ver que el mal tiene un límite, y que no es posible ser verdugo para siempre.

Y esto, en todos los niveles, criminales que amenazan a millones, que en nombre de su autoridad han violado derechos humanos y cometido crímenes de lesa humanidad, hasta los más concretos que padecen tantas sociedades en el mundo a causa de la violencia.

Y esto no es solo por un cálculo mezquino humano, sino porque la justicia es el camino para la paz, y la paz solo será posible en la justicia y la reconciliación, por tanto cuando desde la herida se busca la curación, la convivencia se hace posible en un proyecto de fraternidad y amistad social.

Cicatrices sociales de dolores presentes

Papa Francisco lo refería en la Fratelli Tutti: “En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia” (FT, 225).

Las heridas se llevan en la piel, pueden ser una marca visible o imperceptible, sin embargo ya cicatrizada se convierte más en una huella de regeneración, de que hasta naturalmente el organismo busca recomponerse, más visible que doloroso, de allí, la necesidad de cerrar las heridas de tanto sufrimiento.

Por eso, sin ánimo de ser ingenuo, hay que apostar por un mundo con justicia, no relativizar cuando el mal es capturado, sin embargo no quedarse en el simple señalamiento sino poco a poco, encontrar caminos de reconciliación y de paz.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey.