Camaleones


Compartir

Era nuestro primer encuentro del Consejo Sinodal de Gobierno. Somos trece: laicos, vida consagrada y presbíteros. Nuestro método: la conversación en el Espíritu. A veces, hay que violentarse para escuchar y no juzgar, o confrontar las palabras con tu manera de pensar, sin posibilidad de discusiones, sin necesidad de interacciones. Es necesario doblegarse y acoger con el corazón. En todo momento debemos sentir la presencia de Cristo entre nosotros. Entonces, es difícil juzgar nada. La mayor dificultad radica en descubrir el susurro de Dios en el testimonio del otro.



En una de las rondas, uno de los participantes, habló brevemente de los camaleones, la lengua que nos mata: me dejó sorprendido, y no solo a mí. Otro día le pregunté si realmente lo que dijo en aquel encuentro era suyo o lo había escuchado o leído. “Nació de una reflexión que me surgió viendo un documental en la tele”, me dijo. Todos sabemos que los camaleones son pequeños reptiles escamosos. Y nos sorprende la asombrosa habilidad de cambiar de color, según las circunstancias, lo que les permite mimetizarse con el ambiente que les rodea.

Camaleón

Entre las personas de nuestros entornos, hay algunas especialmente camaleónicas, es decir, se distinguen porque se adaptan con mucha facilidad al contexto. Y no me refiero al “allí donde fueres haz lo que vieres”. Es otra cosa, una acomodación para ganar en la caza. Descubrí más cosas leyendo sobre ellos y observando a nuestro alrededor: cómo el camaleón tiene unos ojos acondicionados para mirar en todas las direcciones, como si no tuvieran coordinación, pero saben muy bien lo que buscan.

Cómo tiene la habilidad de cambiar de color, “según el cristal con que se mire”, lo que les permite esconder sus verdaderos intereses. Cómo no tienen oído externo, es decir, no escuchan, pero detectan cualquier tipo de vibración y los sonidos de baja frecuencia. Como el camaleón tienen la lengua más larga que el cuerpo, con la que puede matar en décimas de segundo.

Sin camuflaje

Entre nosotros no es fácil descubrirlos. En el reino animal hay más de 170 especies y de tamaños que oscilan entre los menos de tres centímetros y los ochenta, los más grades. Pero entre nosotros los hay también muy patosos, que no logran un verdadero camuflaje, pero hace que nos mantengamos cautos a su lado, pues la lengua mortífera sigue siendo la misma. Lamentablemente, esto no es nuevo, se conocen fósiles del camaleón procedentes del Paleoceno, de hace 65 millones de años. Menos mal que las conversaciones en el Espíritu, al menos, nos hacen mantener la boca cerrada y escuchar con todo el corazón. ¡Ánimo y adelante!

Lea más: