Alzar la mirada cuando tantas voces nos invitan a bajarla. Alzarla por encima de los miedos, de las estadísticas, de los cansancios y de las incertidumbres. Alzarla para descubrir que Dios sigue actuando en la historia y que el Espíritu continúa suscitando caminos nuevos para la Iglesia.
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El logo que acompaña esta visita parece una pequeña catequesis sobre la Vida Consagrada. Los colores que abrazan toda la imagen evocan la diversidad de carismas que enriquecen la Iglesia. También en nuestra iglesia diocesana con los carismas contemplativas y/o las comunidades apostólicas. En 2025, salvo error u omisión, la diócesis cuenta con 111 sacerdotes diocesanos, acompañados por 61 religiosos y 37 sacerdotes extradiocesanos. La edad media del presbiterio es de 46 años, la más baja de España. No es un dato menor diferentes colores. Una misma esperanza. Distintos caminos. Un único Evangelio.
Las figuras humanas abiertas en gesto de acogida nos recuerdan que la consagración es, ante todo, un abrazo. El abrazo de Dios a la humanidad y el abrazo de la humanidad que busca a Dios. En un mundo marcado por fronteras, sospechas y descartes, la Vida Consagrada sigue llamada a ser signo de encuentro. En el centro aparece María. Pequeña y luminosa. Como en Caná, como en Pentecostés, sigue enseñándonos a mirar hacia Cristo. Ella es la mujer que levantó los ojos más allá de toda oscuridad y permaneció fiel cuando otros abandonaban el camino.
Madrid y Barcelona
También aparecen los perfiles de Madrid y Barcelona, dos ciudades diversas y complementarias, símbolos de una Iglesia llamada a tejer comunión entre culturas, sensibilidades y pueblos. Una comunión que el Papa viene a confirmar y fortalecer. Y en la parte inferior, el mar canario . Ese mar que une continentes y transporta sueños, pero que también guarda lágrimas y naufragios. El mar de los migrantes, de los desplazados, de quienes buscan una tierra donde vivir con dignidad. Allí también está llamada a estar la Vida Consagrada: en las orillas donde la humanidad más sufre y más espera.
Por eso queremos pedir a todas las comunidades de CONFER que acompañen esta visita con la fuerza silenciosa de la oración. Que nuestros conventos, monasterios, colegios, hospitales, parroquias y comunidades se conviertan en atalayas de esperanza. Porque cuando la Iglesia alza la mirada, descubre que Dios sigue viniendo a nuestro encuentro.
Y cuando los consagrados y consagradas alzan la mirada junto al Papa, el mundo puede entrever, una vez más, el horizonte inmenso del Reino.

