Mateo González Alonso, SDB
Redactor de Vida Nueva Digital y de la revista Vida Nueva

A menos de 100 días de la visita de León XIV, ¿qué Francia encontrará el Papa?


El monte

No quedan ni 100 días para la inminente visita del papa León XIV a Francia. En este contexto se conocía la noticia sobre la partida de los monjes del icónico Mont-Saint-Michel. Una oportunidad para reflexionar sobre los ciclos de la fe. Mientras unas puertas parecen cerrarse por la crisis de vocaciones, el horizonte francés se prepara para un momento histórico con la visita papal.



Hay lugares en el mundo donde la tierra y el cielo parecen tocarse, y sin duda, la abadía del Mont-Saint-Michel es uno de ellos. Elevada sobre la bahía normanda, desafiando las mareas y el paso de los siglos, esta fortaleza de piedra ha sido testigo de la convulsa y apasionante historia de la Iglesia en Francia. Es sin duda uno de los protectores de pantalla imprescindibles en los captadores de paisajes.

Hace poco más de una semana, una noticia ha sacudido a la comunidad católica francesa: en el verano de 2027, los hermanos de las Fraternidades Monásticas de Jerusalén abandonarán la abadía tras más de 25 años de presencia ininterrumpida como herederos de la tradición monástica del lugar.

Las vocaciones

La decisión, oficializada por la diócesis de Coutances, responde a una realidad innegable: la caída drástica de sus pobladores. De los cuatro hermanos que habitaban el monte en 2021, hoy solo quedan dos. Es una retirada dolorosa que cierra un ciclo iniciado en 2001, cuando esta comunidad devolvió la vida monástica permanente a un lugar que había quedado silenciado desde la Revolución Francesa de 1790 (salvo por un breve paréntesis entre 1969 y 1989).

Sin embargo, el santuario no quedará vacío. Las seis hermanas de la rama femenina de la comunidad continuarán su misión, manteniendo viva la llama de la oración diaria, la acogida de peregrinos y la celebración de oficios en uno de los monumentos más visitados de Francia, que recibe cerca de 2,5 millones de almas al año.

La partida de los hermanos no es solo una cuestión de números. También se enmarca en un difícil proceso de purificación y reforma que atraviesan las Fraternidades tras salir a la luz, en la última década, los abusos cometidos por su fundador. Un tiempo de invierno necesario para sanar las raíces. Una noticia que se suma al cierre de la Trapa original o de las carmelitas de Compiègne como ya hemos tratado en este blog.

Lienzo Vida Nueva 8

Amanecer en el Monte Saint-Michel. Foto: Vida Nueva

La Iglesia

Resulta poético que esto ocurra en el Mont-Saint-Michel. Su geografía está marcada por mareas extremas: a veces el agua se retira perdiéndose en el horizonte, dejando un paisaje árido y expuesto; pero inevitablemente, el mar regresa con una fuerza arrolladora, rodeando el monte y devolviéndole su esplendor de isla inexpugnable.

Hoy, la Iglesia en Francia parece atravesar su propia marea baja. El cierre de parroquias, la partida de monjes y los escándalos del pasado han dejado a la vista el fango. Pero las mareas siempre vuelven.

Lejos de ser el final de la historia, Francia –como en tantos lugares de Europa– está mostrando signos de un silencioso, pero firme, rebrote espiritual. Hay una sed de sentido, una búsqueda de trascendencia entre las nuevas generaciones que ya no se conforman con el vacío materialista. Los jóvenes llenan las peregrinaciones, surgen nuevas comunidades laicas y el deseo de un retorno a las raíces cristianas de Europa comienza a palpitar en el ambiente urbano y rural.

Es en este preciso clima de expectación, de marea a punto de cambiar, donde la historia marca una fecha clave en el calendario: en menos de 100 días, Francia recibirá al papa León XIV.

Esta visita no será un evento más, y más tras la experiencia española. Llega en el momento exacto. Representa la confirmación de que, aunque algunas estructuras antiguas necesiten replegarse para sanar o transformarse —como los hermanos que dejan el Monte—, el mensaje central sigue vivo y dispuesto a renovarse. El viaje del Papa promete ser un catalizador, un viento fresco capaz de empujar de nuevo el mar hacia las murallas de la fe francesa.

El Mont-Saint-Michel, coronado por el arcángel que vence a las sombras, seguirá allí. Las hermanas seguirán cantando sus laudes. Y Francia, con la mirada puesta en la inminente llegada de León XIV, se prepara para demostrar que la fe, al igual que las mareas de Normandía, siempre encuentra el camino de regreso.