San Juan de Ávila puede considerarse un auténtico maestro de la sinodalidad eclesial. Aunque vivió cinco siglos antes del actual desarrollo teológico del término, promovió principios hoy fundamentales: la escucha del Espíritu Santo, la formación permanente, la corresponsabilidad en la misión y la celebración frecuente de concilios y sínodos como instrumentos de renovación. Su vida y sus escritos influyeron decisivamente en la reforma católica