León XIV pide, en Uruguay, responsabilidad para construir una historia común

El Pontífice, en su primer discurso, habló de temas esenciales: democracia, familia, trabajo, sufrimiento y dignidad

León XIV pide, en Uruguay, responsabilidad para construir una historia común
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Al comenzar su visita a Uruguay, el papa León XIV dirigió un primer discurso a las autoridades del país y a los miembros del cuerpo diplomático. Después de agradecer la invitación, saludó a los uruguayos, y puso bajo la protección de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, a quienes encontrará en su recorrido.



El Papa recordó las palabras de Artigas ante el Congreso de abril de 1813: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”. Señaló que en esa frase se unen el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce.

Destacó los cuarenta años de democracia ininterrumpida que Uruguay cumplió en 2025, y subrayó el valor de los cauces de participación y de la delimitación clara de las competencias de las instituciones.

Elogió, además, la transformación de la matriz eléctrica del país, que hoy se apoya casi enteramente en fuentes renovables, y la calificó de “resultado notable”. Agregó que el bien común comprende la responsabilidad de transmitir a los que vienen después, los bienes que hemos recibido. “Como recordó mi predecesor el papa Francisco, la noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras”. Planteó, entonces, como nuevos desafíos el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía

Dignidad y Vida

A partir de las figuras del friso (una madre con su bebé, niños que caminan junto a los adultos), el Pontífice se refirió a la protección de la vida que comienza, “también en aquella que todavía crece en el seno materno”. Señaló que su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece”. Afirmó que el apoyo a quien va a nacer y a quienes lo acogen son inseparables, y que la familia sigue siendo el primer ámbito donde cada persona es acogida.

“Cuidar a los más pequeños incluye asegurarles una educación adecuada. El hogar en el que un niño crece, la alimentación que recibe, la presencia de los adultos que lo acompañan, lo sostienen sus primeros años. La educación prolonga esa tarea, desarrolla sus capacidades, forma su juicio y lo prepara para participar con libertad y responsabilidad en la vida de la sociedad”, subrayó el Papa en referencia a la relación entre educación y oportunidades. 

El Papa En La Plaza Independencia

El Papa en la Plaza Independencia donde brindó su primer discurso del viaje apostólico por Latinoamérica

Ante los cambios tecnológicos y la inteligencia artificial, recordó que el trabajo está en función del hombre, no al revés. Pidió que estas tecnologías amplíen las capacidades humanas sin reducir a la persona que trabaja a “una simple pieza prescindible” del proceso productivo. Y recordó que el valor de una persona no se mide por lo que produce ni por su autonomía: “La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada”.

Abordó muy específicamente varias realidades preocupantes: la soledad, la angustia y la pérdida de esperanza. Ante la realidad del suicidio, señaló que la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad son inseparables, y expresó: “nadie debería sentirse extraño entre los suyos”.

Compartió que, recientemente, ha experimentado en primera persona las limitaciones de la enfermedad y que está agradecido por los cuidados recibidos. Desde esa experiencia lo llevó a pensar en quienes carecen de medios para obtener un diagnóstico o un tratamiento, y pidió que la atención sanitaria esté al alcance de todos, sin importar sus recursos. Afirmó que toda persona debe poder vivir con dignidad, recibir los cuidados que necesita y ser acompañada “hasta el término natural de su vida”.

Diálogo regional

El Papa sostuvo que la creación de riqueza, la inversión y la iniciativa económica, tanto pública como privada, son necesarias, pero que sus frutos deben alcanzar efectivamente a todos, porque lo que cuenta son las personas concretas, cada una de ellas y sus familias.

Sobre la laicidad del Estado, dijo que debe garantizar un espacio donde creyentes y no creyentes convivan con libertad y respeto, y que esa neutralidad no exige confinar la dimensión religiosa al ámbito privado. Añadió que las comunidades religiosas pueden contribuir al bien común respetando la autonomía de las instituciones civiles.

En el plano internacional, destacó que la Constitución uruguaya promueve la solución pacífica de las controversias y la integración latinoamericana. Invitó a Uruguay a seguir ofreciendo a sus vecinos un servicio basado en el respeto al derecho, la negociación y la búsqueda paciente de acuerdos.

Mensaje final

Mencionó el histórico vínculo entre la Santa Sede y Uruguay, que se remonta a los primeros años de la vida independiente del país. Mencionó el breve apostólico del 14 de agosto de 1832, por el cual Gregorio XVI designó al Padre Dámaso Antonio Larrañaga como Vicario Apostólico de la República, acto que ha sido interpretado también como un reconocimiento implícito de la independencia del nuevo Estado.

Concluyó su discurso, llamando a reconocer “la responsabilidad de unos hacia otros”, que permite a personas de distintas generaciones y condiciones seguir construyendo una historia común. Deseó que los días de su visita fortalezcan lo que une a los uruguayos y renueven la confianza con la que se afrontan las dificultades, y encomendó al país a María Santísima.

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