La denuncia del delegado de Migraciones de Valencia: “el Estado no ha actuado” en Ceuta

El responsable de la archidiócesis reclama dignidad para los desplazados en la ciudad autónoma y defiende la regularización como una oportunidad innegable de integración social

Migrantes lavan su ropa en una playa de Ceuta. Foto: Efe
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Con motivo de la celebración de la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado bajo el lema ‘Ni uno solo de estos pequeños’, la Iglesia ha vuelto a poner el foco en la urgencia humana y social que atraviesan las zonas fronterizas. En este contexto, los obispos buscan subrayar que “la vida de cualquier persona es importante” y que “vale la pena para trabajar por ella, para devolverle su dignidad, para acogerle, para darle una oportunidad distinta de vida”.



Así lo ha afirmado el delegado episcopal de Migraciones de la diócesis de Valencia, Olbier Hernández, quien se ha mostrado especialmente crítico con la gestión institucional en la ciudad autónoma de Ceuta al advertir de que, para que exista acogida, “tiene que haber respeto a los derechos de la sociedad ceutí y de los acogidos”, advirtiendo de que, en el contexto actual, “el Estado no ha actuado”.

Pasividad pública

A juicio del delegado diocesano, la coyuntura en la frontera ha dejado a ambas partes en un plano de clara desprotección. Según ha argumentado Hernández, para garantizar la convivencia “tiene que haber un régimen de libertad, de respeto a los derechos, a la individualidad personal, a la propiedad privada, al sistema de convivencia que nos hemos dado y esos derechos han sido vulnerados en la sociedad ceutí”. Al mismo tiempo, ha denunciado que quienes buscan refugio sufren idéntica vulneración debido a la pasividad pública, reprochando que “el Estado no ha garantizado que también se protejan los derechos de esas personas que han entrado, especialmente a los niños”.

En este sentido, el representante eclesiástico ha censurado las precarias condiciones de los menores, manifestando que “no es posible que sigan durmiendo niños en la calle, no es posible que asistamos a actos de violencia, de violación, de robos, porque la necesidad humana es esa: comer, dormir, beber, y esas necesidades básicas el Gobierno no las ha cubierto”.

Hernández ha desgranado asimismo el dilema entre el control de las fronteras y la atención prioritaria a las personas. A su modo de ver, “de un primer momento está claro que hay unas leyes que respetar, que hay una soberanía que mantener y que hay unas fronteras que hay que resguardar”, pero ha puntualizado que “una vez que están dentro porque el Gobierno no ha sido capaz de impedir la entrada, ni el de España, ni el de Marruecos, esas personas tienen que tener un mínimo de dignidad, que es un techo y una alimentación hasta que puedan ser repatriados, devueltos o hasta que puedan ser integrados en algún proyecto nacional”.

Labor asistencial

En este cometido, ha situado la labor asistencial de la institución eclesial, recordando que “la misión de la Iglesia es que donde haya necesitados se les ayude porque así nos lo pide el Evangelio”. Ha delimitado, no obstante, las responsabilidades al añadir que “las formas en las que llegan o la forma en la que son devueltos, ya no corresponde a la Iglesia, corresponde a los estados y al marco legal que los estados han establecido”.

Esta labor humanitaria se traslada también al ámbito local en Valencia, donde sacerdotes, comunidades y entidades como Cáritas atienden a la población migrante. Hernández ha puesto en valor el trasfondo espiritual de este encuentro al señalar que “esta integración también hay que verla, ya que no vienen a pedir ayuda, sino que vienen a compartir la fe con nosotros y eso es una riqueza para nuestra Iglesia”.

Del mismo modo, el delegado ha considerado que la visita del Papa a Canarias constituyó un “espaldarazo grande” para el trabajo diocesano, destacando que “ha sido importante que el Papa estuviera allí, que defendiera la vida humana, que defendiera la vida a los migrantes y que valorara la capacidad de acogida de estas ciudades”. Finalmente, al referirse al reciente proceso de regularización en España, Hernández lo ha calificado como una “oportunidad de integración innegable” que permitirá a las personas en situación irregular “no seguir trabajando en negro, no seguir siendo explotados y va a facilitar integrarse socialmente en nuestro país”.

Migración. Ceuta

Un joven marroquí trata de llegar nadando a Ceuta (España). Foto: EFE

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