La palabra normalidad se ha borrado de Ceuta. Lo verbalizan los vecinos, que han visto cómo su día a día se ha quebrado desde hace un mes, con un semiconfinamiento que impide en no pocas barriadas pasear por la noche por la calle o llevar a los niños al parque por la percepción de inseguridad, por un miedo latente.
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Lo padecen los migrantes que deambulan por las calles, por la playa de El Trampolín o que están alojados en los campamentos provisionales levantados por el Ejército mientras se tramitan sus expedientes.
La tensión no se rebaja entre la desesperación de los caballas por lo que califican de “invasión” y la lucha por sobrevivir y permanecer de quienes entraron por la frontera el pasado 30 de julio. La crisis se cronifica, el debate político se acalora y la Iglesia se ve inmersa en una encrucijada tanto en el hacer como en el decir.
“En medio de tanta agitación y crispación, es mejor no pronunciarse públicamente, más allá de describir el colapso que está padeciendo la ciudad y moverse en el nada fácil ejercicio de equilibrismo de comprender las legítimas inquietudes de los ceutíes y, a la vez, acoger y acompañar el sufrimiento de los migrantes para dignificar, en la medida de lo posible su situación”, apunta una voz eclesial, que prefiere mantenerse en el anonimato por temor a ser acusado de “tibio”.
El administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, con su equipo durante su visita a la Casa San Antonio. Foto. Diócesis de Cádiz y Ceuta
La Diócesis de Cádiz y Ceuta ha optado por su silencio prudente y no ha trascendido pronunciamiento público alguno en estos últimos días de los sacerdotes de la Ciudad Autónoma después de la polémica generada a finales de agosto por la tesis de la “jerarquía de la caridad” que defendió el vicario parroquial del Santuario de Santa María de África de Ceuta, Jesús Francisco Molina, que dejaba caer una negación de ayuda a quienes cruzaron la frontera.
Tan solo toman la palabra en entrevistas en medios vinculados a la Iglesia –’Ecclesia’, ‘Vida Nueva’ o ‘Trece’…– el administrador apostólico y obispo auxiliar de Sevilla, Ramón Valdivia, así como el director de Cáritas Diocesana de Ceuta, Fernando Sotomayor. Un reflejo de la cautela por la que ha optado el Obispado.
