El Papa llama a Uruguay a vivir la fe con esperanza y a dar lugar a Cristo

León XIV destacó el testimonio de quienes perseveran en una sociedad marcada por la secularización y la indiferencia religiosa

El Papa llama a Uruguay a vivir la fe con esperanza y a dar lugar a Cristo
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Sesenta mil personas se reunieron en el Estadio Centenario de Montevideo para compartir la Vigilia de Oración junto al papa León XIV, cerrando el segundo y anteúltimo día de estadía en la República Oriental del Uruguay.



Al iniciar la jornada vespertina, dedicada a los jóvenes, el Pontífice escuchó la bienvenida de parte del cardenal arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, y los testimonios de Federica, Giovani y la familia Gutiérrez. 

Cardenal Sturla: “Nadie queda afuera”

El cardenal Daniel Sturla, en su mensaje de bienvenida al Papa a la Vigilia, recurrió al lenguaje del fútbol para invitar a los uruguayos a vivir su fe de manera activa y comunitaria. Partió de la imagen que san Pablo utiliza en su carta a los Corintios (1 Cor 9,24-27), donde la vida cristiana se compara con una carrera en el estadio, cuyo premio es una corona que no se marchita.

El cardenal destacó el valor simbólico del escenario elegido: el Centenario fue construido para el primer Mundial de fútbol, en 1930, y para celebrar los cien años de la Jura de la Constitución. “Es un lugar de identidad, donde el país se reconoce como pueblo”, señaló. Dada la importancia del fútbol en la cultura nacional, “tener al Papa entre nosotros es un golazo”, agregó.

Sturla advirtió, sin embargo, que los fieles no acudieron solo a alentar desde la tribuna. Los convocó a “entrar a la cancha de la vida”, un partido que se juega en el barrio, la familia y el trabajo. Del mismo modo que los uruguayos llevan con orgullo la celeste, pidió vestir “con alegría la camiseta de cristianos”, para que quien los vea descubra la alegría de seguir a Jesús.

En el mensaje también recordó a las figuras que han marcado el camino de la Iglesia uruguaya: el beato Jacinto Vera; santa María Francisca Rubatto; las beatas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella, mártires por la fe en España; y los siervos de Dios Padre Cacho, Walter Chango y Salvador García Pintos.

“Así como la celeste reúne a todo un país, la fe nos convoca como pueblo de Dios. En esta tribuna nadie queda afuera”, afirmó el cardenal.

EL Papa En El Estadio Centenario

El papa León XIV participa de la Vigilia de oración con los jóvenes uruguayos en el Estadio Centenario (Montevideo). Foto: Vatican Media

Otros testimonios

Tres testimonios de fe fueron presentados como preguntas al Papa, dando voz a jóvenes y familias uruguayas. Una psicopedagoga de 31 años, un joven bautizado hace poco y un matrimonio con cinco hijos plantearon, desde su experiencia, desafíos que hoy atraviesan a muchos creyentes en el país.

Federica Ortiz de Taranco, de 31 años, es psicopedagoga y trabaja en un colegio. Mayor de tres hermanos, creció en una familia católica. A los 20 años, mientras se preparaba para la confirmación, experimentó por primera vez el amor de Dios, aunque su fe dependía aún de esas vivencias puntuales. Más tarde, en una comunidad, aprendió a encontrarse con Jesús en la vida cotidiana y a compartir su fe con amigos. Habló de una “edad bisagra” en la que muchos ven que su vida no salió como esperaban: estudios que se alargaron, falta de trabajo estable, familias que aún no llegan o hijos que no vienen. Preguntó al Pontífice qué consejo puede dar para confiar en el plan de Dios cuando no se parece al imaginado, y para vivir la espera como parte del llamado a la santidad.

Giovanni, de 22 años, creció en una familia donde solo su abuela vivía la fe. No fue bautizado y asistió a un colegio laico. Siempre sintió un vacío que intentaba llenar con cosas pasajeras, mientras su abuela rezaba a la Virgen por él. En 2023, conoció una capilla y un sacerdote. Tras un año y medio de catequesis, recibió el bautismo el 11 de mayo y la confirmación el 22 de junio. Contó que fue un proceso solitario: su familia no mostró interés, se distanció de sus amigos y varios le decían que desperdiciaba su vida. Hace casi dos años entrena artes marciales mixtas, un deporte que, dijo, lo fortaleció frente a la soledad y donde lleva a Jesús consigo. Preguntó al Papa cómo vivir la fe y seguir siendo un buen católico cuando, aun habiendo recibido ese don, uno se siente solo.

La familia Gutiérrez Hernández celebra 30 años de matrimonio. Tienen cinco hijos: Simón, Fátima, Faustina, Carmela y Jeremías, y vivieron también la pérdida gestacional de Bautista. Los padres describieron un Uruguay con pocos matrimonios y menos nacimientos, donde el aborto, la eutanasia, el suicidio, las enfermedades mentales, las adicciones, la violencia y el sinsentido golpean a las familias. Señalaron además que ciertas leyes y corrientes ideológicas cuestionan el valor de la vida, el matrimonio y la familia. Afirmaron que la buena noticia de la familia necesita justamente tiempo: para encontrarse, salir de uno mismo y servir. En clave futbolera, preguntaron al Papa cómo “parar la pelota”, levantar la mirada, vivir el tiempo como un don de Dios y “jugarse la camiseta” por la familia.

Mensaje del Papa en la Vigilia en Montevideo

El Papa agradeció a la comunidad católica su fidelidad y el testimonio de quienes, desde sus familias, comunidades y vocaciones, hacen presente a Jesucristo. En su mensaje, dirigido a los fieles reunidos esa noche, reflexionó sobre el avance de la secularización y la creciente indiferencia religiosa, una realidad que, señaló, también viven muchas comunidades.

Multitud En El Centenario

Una multitud acompaña al papa León en la Vigilia de Oración en el Estadio Centenario. Foto: Vatican Media

“Los creyentes que peregrinan en Uruguay han tenido que aprender a vivir y anunciar su fe en ese escenario”, dijo el Papa. Añadió que su experiencia puede servir a otras comunidades que empiezan a descubrir qué significa ser una minoría. Entre quienes perseveran mencionó a padres que rezan con sus hijos, profesores que testimonian su fe, jóvenes que siguen a Cristo, comunidades que continúan reuniéndose y sacerdotes que recorren grandes distancias para llevar los sacramentos.

El Papa propuso mirar la realidad a la luz de Belén. Aunque el profeta Miqueas la llamó “pequeña entre los clanes de Judá”, recordó, Dios la eligió. “Esa elección basta para que no identifiquemos pequeñez con insignificancia”, expresó.

Cristo, en el centro, pide el Papa

Al evocar el relato del nacimiento de Jesús, León XIV señaló que “no había lugar para ellos” y relacionó esa imagen con una vida llena de ocupaciones, afectos, proyectos y distracciones, en la que la ausencia de Dios puede dejar de sentirse. “Belén nos hace una pregunta muy sencilla: ¿hay lugar para Él?”, planteó. Invitó a custodiar a Cristo en el centro de la vida mediante la oración, la Misa, la Confesión y la lectura meditada del Evangelio.

También animó el Papa a los fieles a reflejar la luz de Cristo en su vida cotidiana, como la estrella que condujo a los Magos hasta Belén. Llamó a los jóvenes a casarse y formar una familia sin temor al “para siempre”; a los matrimonios, a abrir sus hogares a la vida; y a quienes sienten una vocación sacerdotal o consagrada, a no ignorar esa llamada por miedo.

Invitó, además, a perdonar, servir y anteponer a los demás cuando hacerlo tenga un costo. “Si nuestra vida despierta una pregunta, habrá dado fruto cuando esa pregunta guíe a alguien hasta Jesús”, afirmó el Papa. “Para iluminar mucho no hace falta ser muchos, sino reflejar la luz del Señor”, agregó.

El mensaje destacó asimismo el anuncio de los ángeles a los pastores: “No teman, porque les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo”. León XIVdescribió a Jesucristo como la esperanza de la humanidad y recordó que, por Él, el pecado puede ser perdonado y es posible comenzar de nuevo. “La sociedad puede encontrar en otras instituciones muchas cosas muy valiosas, pero ninguna puede sustituir el anuncio de que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el odio, la violencia, la guerra y el pecado”, dijo.

Al concluir, exhortó a los presentes a no conformarse con una vida “simplemente correcta” ni con una fe de costumbre. “Cristo no nos llamó a la mediocridad, nos llamó a una vida nueva y plena como la suya”, expresó el Pontífice.

El Papa invitó a los fieles a buscar a Cristo en la Eucaristía y en la adoración, y a poner su vida bajo la mirada de Nuestra Señora de los Treinta y Tres. “¡Que se note que hemos estado en Belén!”, concluyó.

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