Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

El voto del nacionalizado


La ley de nietos nos está llevando a una paradoja que ya se ha dado en EEUU con anterioridad, y no me refiero a si distorsiona o no el censo o priva o no de derechos a unos españoles nacionalizados, sino a qué puede suceder cuando se estigmatiza a un colectivo y cómo, las expectativas pueden convertirse en realidad también en este tema.



Algunos consideran que el voto de los nuevos nacionales va a dirigirse inequívocamente al ala izquierda del espectro político. Piensan que, como han sido favorecidos por estos partidos y perjudicados por los otros, el agradecimiento les va a llevar a votar a quienes se presentan por las siglas de estas ideas políticas. Esta simplificación tiene varias pegas.

  1. La primera es que esto no tiene por qué ser cierta. Conozco a muchas personas venidas de países americanos (los principales beneficiados por estas nacionalizaciones) que no votarían a partidos de esta ideología porque más bien, se inclinan hacia opciones conservadores o liberales.
  2. La segunda es que pensar que van a votar automáticamente a quien ha hecho la ley para concederles la nacionalidad, supone minusvalorar a estas personas. ¿Acaso son todas tan simples y con tan poco criterio que su voto es solamente a quien les beneficia? Se trata de una simplificación peyorativa e inexacta que atenta contra la inteligencia del que se nacionaliza. ¿Solamente los españoles de origen tienen criterio para votar a quienes ellos consideran mejor para solucionar los problemas patrios?

Pero hay un problema todavía mayor, el de las expectativas autocumplidas. Si yo considero que quienes vienen de un país y se nacionalizan no son dignos de confianza y sus votos no sirven, quienes tienen una situación parecida pueden verse reflejados en ellos y sentirse también despreciados, lo que lleva, a su vez, que voten a las opciones de izquierdas para evitar votar a quienes les desprecian así.

elecciones

Un hombre introduciendo su voto en una urna electoral. Foto: EFE

Se daría entonces un voto “anti” aquellos que son “anti” los que son como yo (algo así parece que está sucediendo ahora en EEUU). O dicho de otra manera, que acaben votando a opciones de izquierda porque son las únicas que les tratan bien.

La madre patria

Por todo ello, no solo no es justo pensar que el que viene de fuera tiene el voto prefijado, sino que hay que tener cuidado en que los que ya están aquí acaben dejando de votar a aquellos que desprecian a los nuevos nacionales porque ellos también se sienten despreciados. Parece mucho más inteligente dar la bienvenida a aquellos que desean ser españoles.

Que haya personas que quieran ser nacionales de nuestro país debería llenarnos de orgullo patrio y hacernos ver que nuestro país es ansiado por muchos que siguen llamándole “la madre patria”. Y no solo darles la bienvenida, sino además, hacerles ver que ese partido es el que mejor va a garantizar un futuro digno a los ciudadanos del país, sean nacionales desde su nacimiento o nacionalizados con posterioridad.