Los obispos ingleses aplauden el fracaso de la ley de eutanasia

  • Creen que una sociedad sana se aprecia en “nuestra responsabilidad compartida de cuidarnos unos a otros”
  • En caso de que se hubiera aprobado, la Iglesia advirtió en junio que se vería obligada a cerrar sus centros médicos

Los obispos ingleses aplauden el fracaso de la ley de eutanasia
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Tras votarse en el Parlamento, finalmente, el proyecto de ley que buscaba aprobar la eutanasia para adultos con enfermedades terminales que así lo solicitaran, ha sido rechazado en el Reino Unido. La votación tuvo lugar este 10 de septiembre y estuvo realmente ajustada, con 286 votos en contra y 270 a favor.



El fracaso de dicha ley ha sido celebrado por la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales. En un comunicado firmado por John Sherrington, arzobispo de Liverpool y responsable de la Comisión Episcopal para Asuntos de la Vida, este se muestra agradecido con “quienes escribieron a sus parlamentarios para detener la tramitación del proyecto de ley y quienes colaboraron en la campaña en su contra de otras maneras”.

Gracias a los muchos “que alzaron su voz”

Un movimiento del que formaron parte muchos “que alzaron su voz” y entre los que se encuentran “médicos, abogados, grupos de personas con discapacidad, otras comunidades religiosas y personas sin fe que defendieron la dignidad y la santidad de toda vida”.

Como detalla Sherrington, “a lo largo de este debate, hemos defendido que nuestra respuesta a quienes afrontan enfermedades graves, discapacidades o los desafíos de la vejez debe basarse en la solidaridad, el cuidado y el respeto”.

Y es que “la verdadera medida de una sociedad compasiva reside en su disposición a apoyar a las personas en circunstancias difíciles en lugar de alentarlas a poner fin a sus vidas”.

El valor de las relaciones humanas

En ese sentido, el prelado experimenta cómo, “cada día, familiares, amigos, cuidadores y profesionales de la salud demuestran una generosidad extraordinaria al acompañar y apoyar a quienes sufren. Su dedicación nos recuerda el valor de las relaciones humanas y nuestra responsabilidad compartida de cuidarnos unos a otros, especialmente en los momentos más vulnerables de la vida”.

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Por ello, “seguimos convencidos de que la forma más eficaz de afrontar el sufrimiento al final de la vida es mediante un mayor acceso a una atención paliativa”, siempre desde la perspectiva de la “excelencia”.

De ese modo, “garantizar que dicha atención esté disponible para todos los que la necesiten puede ayudar a las personas a experimentar consuelo, dignidad y apoyo en sus últimos días”.

“El amor de Dios trasciende todo sufrimiento”

Como concluye Sherrington, el compromiso de la Iglesia en esa tarea es absoluto: “Continuaremos promoviendo estas prioridades y apoyando a quienes se dedican al cuidado de los enfermos terminales en hospicios, hospitales, residencias y comunidades”. Al fin y al cabo, se trata de encarnar en su corazón la certeza de que “el amor de Dios trasciende todo sufrimiento”.

En junio, cuando ya se debatió en la Cámara de los Comunes el Proyecto de Ley de Adultos con Enfermedades Terminales, que pasó a su tercera lectura en el Parlamento, el Episcopado ya se movilizó antes de esa votación con una dura declaración firmada por su presidente y arzobispo de Westminster, el cardenal Vincent Nichols.

En ella, este advertía de que, si la ley salía adelante, las residencias de ancianos de titularidad católica verían “su futuro en duda”. Y más al tener en cuenta que “nuestro Parlamento ha rechazado las enmiendas que habrían permitido que estas instituciones no participaran en el suicidio asistido”.

Se “obligaría” a sus profesionales a ir contra “la misión y los valores”

Así, puesto que se “obligaría” a sus profesionales sanitarios a ir en contra de “la misión y los valores” de las instituciones que los emplean, podrían “no tener otra opción” que “retirarse de la prestación de dichos cuidados” e incluso cerrar sus centros.

Es decir, que al no permitirles “brindar cuidados compasivos en la enfermedad o la vejez”, y “hasta el final de la vida”, sus centros se verían obligados a cerrar para no llevar a la práctica una acción rechazada de plano por la Iglesia.

Una “tragedia” que “solo se puede evitar con la derrota de este proyecto de ley”. Tres meses después, la Iglesia católica local celebra que así haya sido.

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