Aunque con un estilo que puede no ser del gusto de todos, es innegable que durante la segunda mitad del siglo XX la Renovación Carismática Católica se convirtió en uno de los fenómenos espirituales más significativos y singulares de la Iglesia contemporánea. Nacida en el contexto de los grandes cambios eclesiales que siguieron al Concilio Vaticano II, se extendió rápidamente desde Estados Unidos y América Latina a Europa, África, Asia y Oceanía, dando origen a miles de grupos de oración, comunidades, escuelas de evangelización y grandes encuentros internacionales.
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Su insistencia en la experiencia personal de Dios, la acción del Espíritu Santo, la oración comunitaria, la alabanza, la evangelización y la atención a los enfermos encontró una extraordinaria acogida entre cristianos de muy diferentes culturas. Dentro de esta corriente, algunas figuras alcanzaron una proyección internacional y contribuyeron decisivamente a su expansión. Entre ellas destaca el padre Emiliano Tardif, un canadiense que hizo de la República Dominicana su segunda patria y que recorrió el mundo anunciando lo que para él constituía el corazón de su mensaje: Jesús está vivo.
Emiliano Tardif, Misionero del Sagrado Corazón, nació el 6 de junio de 1928 en Saint-Zacharie, Quebec (Canadá), en el seno de una familia profundamente católica. Fue uno de los trece hijos del matrimonio formado por Léonidas Tardif y Anna Larochelle. La familia vivía de la agricultura y conoció las dificultades económicas propias de muchas familias rurales de la época. Los hijos tuvieron que colaborar desde muy jóvenes con sus padres y aprender el valor del trabajo, la austeridad y la responsabilidad. Aquella experiencia familiar dejó una huella profunda en Emiliano. A pesar de que con el paso de los años recorrería continentes nunca perdió el vínculo con su familia, una relación cercana con sus hermanos y familiares, especialmente a través de cartas en las que les contaba sus viajes, sus experiencias pastorales y las personas que iba conociendo.
Su vocación misionera comenzó a perfilarse cuando todavía era un niño. Según recordaría posteriormente, alrededor de los doce años escuchó predicar a un sacerdote dominico que se preparaba para marchar como misionero a Japón. Aquella imagen impresionó profundamente al muchacho. Años después recordaría que entonces pensó que también él quería llegar a ser sacerdote y misionero.
Misionero del Sagrado Corazón
Su camino lo llevaría finalmente a los Misioneros del Sagrado Corazón, congregación fundada por el sacerdote francés Julio Chevalier en el siglo XIX. La espiritualidad del Sagrado Corazón marcaría toda la vida de Tardif: el amor misericordioso de Cristo, la reparación, la confianza en Dios y la preocupación por llevar el Evangelio a quienes más necesitaban descubrir ese amor. Ingresó en el seminario menor de los Misioneros del Sagrado Corazón en Beauport, Quebec, y posteriormente realizó el noviciado. Emitió su primera profesión religiosa el 8 de septiembre de 1949. Después fue enviado a Watertown, en el estado de Nueva York, donde estudió filosofía entre 1949 y 1952. Para completar su formación teológica regresó a Quebec, donde vivió en la casa de formación situada junto al Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
El 24 de junio de 1955, Emiliano fue ordenado sacerdote por monseñor Desmarais, obispo de Amos. Poco más de un año después comenzó la aventura misionera que definiría el resto de su vida. El 16 de septiembre de 1956 llegó a la República Dominicana. Tenía entonces 28 años. El joven sacerdote canadiense fue destinado a colaborar en la creación y consolidación del Seminario Misionero de San José de las Matas, donde ejerció como profesor hasta 1963. La República Dominicana se convertiría desde entonces en su segunda patria.
En 1959 recibió otra importante responsabilidad: la dirección de la revista Amigo del Hogar, una publicación vinculada a los Misioneros del Sagrado Corazón. Tardif transformó considerablemente la revista y la convirtió en un instrumento de formación cristiana, información y reflexión sobre los problemas de la sociedad dominicana. La publicación adquirió especial importancia durante los años políticamente turbulentos que siguieron a la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1961.
Un canadiense en República Dominicana
El país atravesó entonces un periodo de enorme inestabilidad, marcado por enfrentamientos políticos y sociales que desembocarían en la crisis de 1965 y en la intervención militar estadounidense. En aquel contexto, dirigir una publicación católica no era una tarea sencilla. Tardif no quiso que Amigo del Hogar se limitara a cuestiones estrictamente religiosas. La revista abordó también problemas sociales y situaciones de injusticia. Uno de los episodios más arriesgados fue la publicación de informaciones relativas al asesinato del sacerdote Arturo Mackinnon, ocurrido en 1965.
Al mismo tiempo, participó activamente en numerosas iniciativas pastorales. Colaboró con los Cursillos de Cristiandad, con el Movimiento Familiar Cristiano y con la campaña del Rosario en Familia impulsada internacionalmente por el sacerdote Patrick Peyton, conocido precisamente por su insistencia en la oración familiar.
La capacidad organizativa de Tardif y su intensa dedicación pastoral hicieron que sus superiores confiaran en él nuevas responsabilidades. En 1966 fue elegido superior de los Misioneros del Sagrado Corazón en la República Dominicana, cargo que desempeñó hasta 1973. Durante aquellos años impulsó diferentes proyectos: centros vocacionales, iniciativas de promoción humana, obras de formación, capillas y nuevas instalaciones para la congregación. Entre ellas se encontraban el Centro Vocacional de Licey, el Centro de Promoción de Nagua y la residencia de Los Prados, en Santo Domingo. También fue presidente de la Conferencia Dominicana de Religiosos, responsabilidad especialmente significativa en una época de fuertes tensiones políticas y sociales.
Emiliano Tardif, MSC, sacerdote canadiense y predicador de la Renovación Carismática Católica. Foto: Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús (MSC)
Quienes lo conocieron durante aquellos años lo describieron como un hombre de enorme capacidad de trabajo, iniciativa y entusiasmo. Para Tardif, anunciar el Evangelio significaba también construir comunidades, formar sacerdotes y laicos, visitar enfermos, acompañar a familias y crear estructuras que permitieran a la Iglesia estar presente en lugares donde apenas tenía medios. Su lema personal podría resumirse en una frase que repetía al hablar de la vida misionera: “Rápido para el chiste y lento para la crítica”. Su alegría y sentido del humor eran parte de su forma de relacionarse con las personas.
En 1973, cuando tenía 45 años, la trayectoria del padre Tardif sufrió un giro inesperado. Después de años de intensa actividad, contrajo tuberculosis pulmonar. Su estado era grave y tuvo que regresar a Canadá para recibir tratamiento. La enfermedad lo obligó a abandonar temporalmente el ritmo frenético de su actividad misionera. Fue durante aquel periodo de enfermedad cuando se produjo el episodio que él mismo consideraría decisivo para el resto de su vida.
Un grupo de laicos vinculados a la Renovación Carismática Católica fue a visitarlo y rezó por él. Tardif conocía poco aquel movimiento e incluso había mostrado anteriormente cierta reticencia hacia sus expresiones. Sin embargo, aceptó que aquellas personas orasen por su salud. Según su propio testimonio, experimentó entonces una recuperación que consideró extraordinaria. Los médicos habían previsto un largo periodo de tratamiento y convalecencia, pero su evolución fue inesperadamente favorable.
Renovación Carismática
Tardif interpretó aquella experiencia, más allá de una curación física, también como una llamada de Dios a un nuevo modo de ejercer su sacerdocio. Poco después comenzó a participar activamente en ambientes de la Renovación Carismática. A partir de ese momento comprendió su enfermedad de una manera nueva.
En 1974 regresó a la República Dominicana y fue destinado a Nagua, ciudad situada en la costa norte del país, en la provincia de María Trinidad Sánchez. Allí comenzó a desarrollar el ministerio que lo haría conocido en todo el mundo. Al principio se trataba de reuniones relativamente pequeñas. Reunió aproximadamente a cuarenta personas para compartir con ellas su testimonio de enfermedad y curación. Después invitó a los enfermos a acercarse para recibir oración. Aquellas reuniones fueron creciendo, poco a poco las celebraciones atrajeron a un número cada vez mayor de personas.
Entre 1974 y 1985 combinó su actividad evangelizadora con el ministerio parroquial en diferentes lugares de la República Dominicana, entre ellos Nagua, Sánchez, Pimentel, La Romana y San José de las Matas. Al mismo tiempo comenzó a viajar para dirigir retiros y encuentros de oración. La fama de aquellas celebraciones se extendió rápidamente. Las iglesias comenzaron a quedarse pequeñas y los encuentros tuvieron que trasladarse a espacios cada vez mayores.
Predicador en 71 países de los cinco continentes
Uno de los momentos decisivos en la trayectoria pública de Tardif tuvo lugar en Caracas, Venezuela, en 1976. Tardif participó en la delegación de la República Dominicana que acudió a una convención de la Renovación Carismática. No estaba previsto inicialmente que desempeñara un papel protagonista. Sin embargo, la persona que debía dirigir uno de los servicios de oración por los enfermos no pudo hacerlo y Tardif fue invitado a ocupar su lugar. Los responsables de la Renovación Carismática quedaron impresionados por la fuerza evangelizadora del sacerdote canadiense.
El episodio de Caracas supuso, en cierto modo, el salto de Tardif desde un ámbito pastoral local a un ministerio internacional. Las noticias sobre sus celebraciones comenzaron a extenderse por América Latina y posteriormente por otros continentes. Con el paso de los años, sus retiros llenaron primero iglesias, después grandes pabellones y finalmente estadios. Predicaba con un estilo directo, alegre y comprensible, evitando un lenguaje excesivamente técnico.
Desde 1985 sus superiores religiosos le permitieron dedicarse a tiempo completo a los retiros de evangelización. A partir de entonces comenzó una etapa de viajes incesantes. Llegó a predicar en 71 países de los cinco continentes, convirtiéndose en uno de los rostros más conocidos de la Renovación Carismática Católica.
Fundador de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo
El crecimiento de este ministerio llevó también a la creación de nuevas estructuras de evangelización. El 28 de noviembre de 1982, Tardif participó, junto con otras personas, en la fundación de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo, una comunidad dedicada a la adoración, la evangelización y la formación cristiana. También promovió las Escuelas de Evangelización, destinadas a formar laicos capaces de anunciar el Evangelio. La primera de estas escuelas vinculada a su proyecto recibió el nombre de Juan Pablo II y comenzó su actividad en 1992
Su obra más conocida, “Jesús está vivo”, fue traducida a 22 idiomas. También escribió, en colaboración con José Prado, otras obras como “Jesús es el Mesías” y “La vuelta al mundo sin maletas”. En 1986 fundó los estudios Lumen 2000, destinados a continuar su labor evangelizadora con medios audiovisuales. Todo ello respondía a una convicción fundamental: si la misión de la Iglesia consiste en anunciar el Evangelio, el evangelizador debe utilizar también los instrumentos que tiene a su alcance para llegar a las personas.
A pesar de su enorme popularidad dentro de la Renovación Carismática, Tardif seguía siendo un Misionero del Sagrado Corazón. La espiritualidad de su fundador, el padre Julio Chevalier, permaneció en el centro de su vida. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús no era para él una simple devoción particular, sino una manera de comprender el Evangelio: Dios ama al ser humano y desea acercarse especialmente a quien sufre, al enfermo, al pecador y al que se siente abandonado.
Un adiós multitudinario
Detrás de los viajes, las predicaciones y las oraciones por los enfermos había un hombre profundamente convencido de que todo nacía de la amistad personal con Jesús: “La oración es insustituible. Lo único que se le puede decir a una persona que ya no ora es que vuelva a orar. Dejar la oración es romper la amistad con Jesús”. Tardif vivió su misión desde esa certeza: él no era el protagonista de las curaciones, sino un servidor que oraba, anunciaba y daba testimonio, dejando que Jesús actuara. De ahí nace también su insistencia en la Eucaristía, en la presencia viva de Cristo y en la confianza humilde en la presencia de María en la Iglesia y en cada fiel.
La actividad de Tardif continuó prácticamente hasta el final de su vida. En julio de 1998 participó en la bendición de la Casa Magnificat, en Castellón (España), vinculada a la espiritualidad de los Siervos de Cristo Vivo. En 1999, cuando tenía 71 años, viajó a Argentina para dirigir un retiro espiritual destinado a sacerdotes. El encuentro se celebraba en la provincia de Córdoba y reunía a unos 250 sacerdotes. Había celebrado pocos días antes su cumpleaños en Santo Domingo junto a personas cercanas. Nadie esperaba que su muerte estuviera tan próxima. El 8 de junio de 1999, mientras se encontraba en San Antonio de Arredondo, en la provincia de Córdoba, murió repentinamente a causa de un infarto. Tenía 71 años.
La noticia de su muerte produjo una enorme conmoción, especialmente en la República Dominicana, país que había considerado su segunda patria. Su cuerpo fue trasladado a la República Dominicana y finalmente recibió sepultura en Santiago de los Caballeros, donde se encuentra su tumba. El funeral reunió a una multitud y contó con la presencia de importantes autoridades del país. En los años posteriores la creciente fama de santidad que acompañaba su recuerdo en todo el mundo llevó a que en 2010 la Santa Sede autorizara el inicio de su causa de beatificación y canonización. La fase diocesana de la causa concluyó en 2023 y actualmente se trabaja en Roma en el estudio su vida y sus virtudes, las que apoyaban su incansable ministerio. En 2024 se estrenó en la República Dominicana la película “Dia ocho”, sobre la labor única y singular de Emiliano Tardif de portador de la curación de Dios.
