El aula que rompe el techo del Gurugú

Escuela católica
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Daniel Sáez tiene 18 años. Acaba de terminar segundo de Bachillerato. Ha pasado quince de esos años en el mismo lugar: el Colegio Nuestra Señora de la Asunción, el centro que tiene la Fundación Educativa Católica (FEC) en el Gurugú de Badajoz. Entró siendo un pequeño de tres años y ha salido siendo un adulto que, cuando intenta explicar qué se lleva del centro, va más allá de las notas, asignaturas o títulos.



“Tendemos mucho a juzgar a personas de otro colectivo simplemente por pertenecer a ellos”, cuenta a ‘Vida Nueva’. Pero crecer junto a compañeros gitanos, marroquíes y de procedencias muy distintas le ha enseñado una nueva forma de mirar el mundo. “Te das cuenta de que en verdad son personas como tú, lo que pasa es que han vivido en realidades muy diferentes a la tuya”, asegura.

El director, Alejandro Piriz, lo explica desde el otro lado del pupitre. El colegio se encuentra en el margen derecho de Badajoz, al norte de las vías del tren, en una periferia históricamente marcada por la vulnerabilidad. Piriz habla de una zona marcada por el desempleo, la economía sumergida y viviendas precarias. También del peso que tiene decir de dónde vienes.

Y es que algunos alumnos, cuenta, prefieren no poner en el currículum que viven en el Gurugú, Colorines o Las 800 porque saben que su dirección puede activar un prejuicio antes incluso de que alguien siga leyendo para centrarse en lo que de verdad importa: la formación. “Es la zona de menor renta de toda Extremadura”, explica Piriz. En ese contexto, el colegio atiende a 525 alumnos desde Infantil hasta Bachillerato, que también está concertado.

Barrera social

Desde el Gurugú, un barrio en el que las infraestructuras y el transporte público es deficiente, existe una conexión directa con Las Vaguadas, uno de los barrios de mayor renta de Badajoz. A primera hora, la parada cercana al colegio se llena de madres que cruzan la ciudad para limpiar casas o cuidar a personas mayores al otro lado.

“Es un poco la barrera social que existe en todas las ciudades y aquí es la que atendemos nosotros”, resume Piriz. Por eso, aunque la pobreza no se traduce automáticamente en fracaso escolar, sí pone más obstáculos antes de empezar. De hecho, muchas familias tienen un nivel educativo bajo, no pueden pagar una academia ni clases particulares y, aunque quieran ayudar, carecen de herramientas para acompañar determinados estudios.

Escuela católica

Alumnos del colegio Nuestra Señora de la Asunción en Badajoz. Foto: FEC

En otros casos, la necesidad de que entre un sueldo más en casa pesa sobre los estudios. “Son unos condicionantes de partida que dificultan mucho el éxito educativo”, reconoce el director. “No digo el éxito en la vida, pero sí el éxito educativo se complica por el contexto, por las herramientas de las que pueden echar mano”, asevera.

Orientación educativa

Aunque no es lo habitual, en el colegio Nuestra Señora de la Asunción el Bachillerato está concertado. Y esto es decisivo, ya que “durante años no hubo Bachillerato en la zona y la Administración decidió concertarlo para que los estudiantes pudieran completar allí su trayectoria educativa”, explica Piriz. “Si estos alumnos tuvieran que abandonar el centro al terminar cuarto de ESO, se truncarían al final muchos proyectos de vida”, señala el director.

El Bachillerato concertado permite que algunos, “a base de mucho esfuerzo y mucho acompañamiento”, lleguen a titularse e, incluso, ir a la universidad. “Hay antiguos alumnos gitanos y musulmanes estudiando o terminando carreras que van desde Derecho hasta Matemáticas o Estadística”, asegura.

Son pocos, reconoce, pero precisamente por eso se convierten “en referencias, que antes apenas existían”. Y es que, el ya ex alumno, rechaza, además, la idea de que porque el colegio esté en un barrio humilde implique rebajar el nivel: “Es como cualquier otro”.

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