Con tan solo 39 años, el sacerdote Peter Rinderer se ha convertido en el provincial más joven de los Salesianos de Don Bosco en todo el mundo, una congregación religiosa que cuenta con unos 14.000 miembros a escala global. Antes de asumir formalmente su cargo, Rinderer recorrió 550 kilómetros en bicicleta para recaudar fondos para un proyecto educativo en Uganda, un gesto que refleja una perspectiva pastoral enmarcada en el compromiso internacional y la acción social.
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Frente a la resignación
Más allá de los retos locales, la visión del nuevo provincial aborda de lleno el complejo panorama que atraviesa la Iglesia europea e internacional, así lo ha declarado en una entrevista para el portal katholisch.de. En un contexto marcado por el desencanto y la secularización en los países occidentales, Rinderer critica abiertamente la inclinación generalizada hacia la resignación.
Respecto al clima social y eclesial contemporáneo, sostiene que “en la sociedad y también en la Iglesia hay demasiadas quejas” y recuerda que “los tiempos no se vuelven automáticamente peores, sino diferentes”. Para el religioso, los momentos de cambio no deben afrontarse con nostalgia, sino con apertura a la renovación: “Hay transformaciones y cambios en los que debemos despedirnos de algunas cosas para ver crecer nuevas y delicadas plantas”.
Frente al descenso del número de vocaciones en Occidente y la búsqueda de espiritualidad por parte de los jóvenes, el provincial insiste en que la respuesta institucional no debe basarse en la rigidez ni en el pánico estadístico. Para Rinderer, la prioridad de la labor educativa y pastoral radica en la relevancia del mensaje y no en las cifras masivas, subrayando que “la calidad siempre va antes que la cantidad” y que el objetivo principal consiste en “aportar un beneficio a los jóvenes que tenga un impacto en la Iglesia y en el mundo”.
El mensaje central de su gestión como “inspector”, nombre empleado por los salesianos para su superior provincial, busca inyectar optimismo y autenticidad en la labor social y religiosa. Rinderer defiende la necesidad de proponer la fe cristiana como una fuente de apoyo y alegría ofrecida en absoluta libertad. Por ello, al reflexionar sobre el papel de su congregación en el mundo actual, concluye con un mensaje claro para sus hermanos de comunidad: “Lo decisivo es que seamos salesianos felices y vayamos con valentía hacia el futuro”.
