León XIV advierte en Castel Gandolfo que “el odio y la violencia solo traen destrucción” y pide no responder al mal con venganza

El Papa se convirtió en el primer pontífice en participar en la procesión náutica por el Lago Albano con motivo de la fiesta patronal

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Esta tarde, a las 18:00 h., el papa León XIV ha marcado un nuevo un hito en la historia de las tradiciones de la Iglesia al convertirse en el primer pontífice en participar a bordo de una embarcación en la tradicional procesión de la Virgen del Lago en la villa pontificia de Castel Gandolfo. El Papa presidió primero una misa en la pequeña iglesia de María Santísima del Lago, consagrada por san Pablo VI en 1977, para luego acompañar la venerada imagen surcando las aguas del lago de Albano, escoltado por una decena de botes civiles y de las fuerzas del orden.



Este esperado acto no solo responde al cariño y deseo de la población local, sino que se enmarca en las celebraciones por los 400 años de presencia papal en esta residencia estival. Tal como ha destacado el párroco de la localidad a los medios vaticanos, la presencia del pontífice navegando por estas aguas representa un profundo mensaje de agradecimiento y un reconocimiento a la belleza de la naturaleza y al don de la creación. Al final del día, el Papa volverá al palacio de la localidad para rezar desde ahí el ángelus.

Solo el amor salva

En su homilía, al hilo de las lecturas bíblicas, el Papa evocó la figura del profeta Jeremías para ilustrar la fuerza irresistible de la vocación divina. Citando directamente el texto profético, León XIV rememoró las palabras del profeta: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir […]. Había en mi corazón como un fuego ardiente […]; me esforzaba por contenerlo, pero no podía“. El pontífice explicó que esa experiencia íntima impulsó a Jeremías a anunciar el mensaje divino a pesar de ser “objeto de burla cada día“, movido por un amor que actúa “sin compromisos, hasta el final”.

A continuación, el Pontífice vinculó la actitud del profeta con la enseñanza de Jesucristo en el evangelio tras los milagros de la multiplicación de los panes. Jesús anunció a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y “sufrir mucho por causa de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser ejecutado y resucitar al tercer día“, revelando que la gloria se alcanza ofreciendo voluntariamente la propia vida como “pan partido”. En este contexto, León XIV recordó la exigencia del discipulado señalada por Cristo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga”.

De esta manera, el Papa subrayó que “solo el amor salva”, un amor que se entrega en “la constancia fiel de la caridad de cada día como en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, a veces, como sucede lamentablemente hoy a muchos cristianos en varias partes de la tierra”. Apoyándose en las palabras de san Agustín, el Papa indicó que “la alegría del segador […] demuestra la intención del sembrador”, por lo que animó a los fieles a sembrar la caridad infinita de Dios “sin cansarse, sin medida”.

La vía de la vida

Lamentando la mentalidad dominante del mundo actual, León XIV criticó que muchos consideren el sueño del Creador como una utopía irrealizable. El Papa denunció cómo la sociedad juzga las virtudes evangélicas asegurando que “poner la otra mejilla es de perdedores, dar ante el rechazo es de ingenuos, perdonar sin límites es de débiles”. Frente a esa lógica, el pontífice se mostró tajante: “Jesús permanece categórico: solo la vía del amor es la vía de la vida”.

Asimismo, León XIV dirigió un firme llamamiento contra la espiral de violencia que afecta tanto a las familias como a las relaciones internacionales. “No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas”, aseveró el Obispo de Roma, reiterando que la experiencia diaria confirma la máxima evangélica de que “quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mi causa, la encontrará”.

Ante la necesidad de paz en las ciudades y naciones, el Papa exhortó a la asamblea a la resistencia espiritual: “¡Cualquiera que sea la herida, cualquiera la ofensa, no permitamos al mal desfigurar nuestra humanidad y corrompernos el corazón!”. Animó también a no conformarse a la mentalidad del mundo y a ofrecerse “como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” para preservar la dignidad divina depositada en el alma.

Posteriormente, el Pontífice participó en la tradicional procesión marítima con la talla de la Virgen del Lago, la cual fue embarcada en un batel para navegar las aguas del Lago Albano. León XIV explicó que este gesto evoca el milagro en el Lago de Tiberíades cuando Jesús caminó sobre las aguas para socorrer a sus discípulos atemorizados y calmar la tempestad. El Papa concluyó su homilía haciendo un llamamiento a la unidad de la Iglesia para ser, “no solo en el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que invita a amar”.

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Celebración de León XIV en la Iglesia de María Santísima del Lago, Castel Gandolfo. Foto: Vatican Media

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