El sacerdote Emilio Montes, popularmente conocido como el cura de Valdepeñas, ha aprovechado la celebración de la Hermandad de Misericordia y Palma para lanzar una dura crítica política desde el altar. Con la medalla de la cofradía al cuello, el párroco cuestionó el liderazgo del presidente del Gobierno durante su homilía de este fin de semana, asegurando que “los socialistas viejos odian a Pedro Sánchez y no quieren a Pedro Sánchez”.
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El liderazgo
Según el razonamiento que expuso ante sus feligreses, este rechazo interno se debe a que el líder del Ejecutivo “se está cargando el partido, porque se cree que el partido es suyo”, tal como ha recogido ABC de Toledo.
El ataque al dirigente socialista se enmarcó dentro de una reflexión más amplia sobre el liderazgo en la Iglesia católica y la percepción mediática de su máximo representante. Tras plantearse ante los asistentes “qué función tiene el Papa”, Montes se respondió a sí mismo afirmando que su labor es simplemente “la que Jesús le encomienda”.
En este sentido, rechazó las comparaciones televisivas de la figura del pontífice con otros mandatarios internacionales, sentenciando: “El Papa no es Donald Trump, ni es Milei, ni es nuestro Pedro Sánchez”. Consciente del impacto que podría tener su alocución, el religioso vaticinó la inminente polémica: “Esto me lo van a sacar en la tele y me van a poner verde”. Por ello, se apresuró a desligar a la institución eclesiástica de sus palabras, remarcando con insistencia a los presentes: “Esto es una opinión mía, ¿vale? Esto no es de la Iglesia”.
Finalmente, Montes utilizó la crítica a la gestión política para advertir sobre los peligros internos entre los católicos, concluyendo que “cuando nosotros nos creamos que la Iglesia es nuestra y podemos hacer lo que queramos, lo que haremos será traicionar a Jesús y destruir la Iglesia”.
Las salidas de guion del párroco manchego ya son conocidas en los medios de comunicación. Hace apenas unas semanas, el mismo presbítero generó controversia tras expulsar del templo a una madre porque su hijo, un bebé de escasos meses, no dejaba de llorar durante la misa.
