Los cardenales aseguran en el consistorio su apoyo al Papa “con fe, alegría y disponibilidad”

Durante la primera sesión de la asamblea convocada por León XIV, el cardenal Rueda Aparicio ha subrayado su “fe, alegría y disponibilidad” al pontífice

León XIV, ante los cardenales, en el consistorio de junio de 2026. Foto: Vatican Media
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Después de la celebración de la misa en la basílica de San Pedro, a las 09:30 de este viernes, 25 de junio, ha comenzado en el Aula Pablo VI la primera sesión del Consistorio Extraordinario convocado por el papa León XIV y al cual han acudido 178 cardenales.



Tal como ha informado Matteo Bruni desde la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la sesión dio inicio con unas palabras del cardenal Re, decano del Colegio Cardenalicio. Posteriormente tomó la palabra el Santo Padre León XIV con una intervención introductoria.

Al término de la intervención del Pontífice, el cardenal Rueda Aparicio subrayó la petición de ayuda del Papa dirigida a los cardenales y aseguró su apoyo, “con fe, alegría y disponibilidad”. Después, el cardenal presentó brevemente la sesión ‘¿En qué mundo estamos llamados a anunciar el Evangelio?’.

Al acabar, dio la palabra al cardenal Ryś, que ofreció una meditación bíblica para introducir la reflexión en los grupos de trabajo sobre los “sufrimientos, tensiones e interrogantes que atraviesan hoy los pueblos y las comunidades eclesiales” y sobre los “signos de esperanza, de fidelidad al Evangelio y de posible reconciliación que llevar a la escucha común”.

El problema de la polarización

Después de un prolongado momento de oración, los cardenales, divididos en los distintos grupos, tuvieron ocasión de compartir su pensamiento según las modalidades indicadas. A las 12:10, en asamblea plenaria, los secretarios de algunos de los grupos informaron sobre la reflexión compartida.

De esta manera, todos los grupos coincidieron en el sufrimiento vivido por hombres y mujeres en este tiempo de profundas transformaciones sociales. Además, entre los temas surgidos en respuesta a la primera pregunta estuvo la creciente polarización dentro de las sociedades, generadora de tensiones políticas y de violencia, alimentada por las fracturas sociales, por el uso de informaciones falsas y por una comunicación extendida que no favorece el encuentro.

Por otro lado, se subrayó cómo la polarización dificulta la gobernabilidad y la convivencia, y cómo crece la violencia como medio de resolución de las controversias, desembocando en antagonismos personales, agresividad o, a nivel internacional, guerras y conflictos.

Varios grupos pusieron de relieve cómo muchos lugares del planeta sufren por la falta de respeto a las minorías religiosas y étnicas, lo que pone en crisis la libertad religiosa y desemboca en hostilidad, o incluso violencia, particularmente contra la Iglesia. En este sentido, algunos grupos citaron también el aumento del antisemitismo.

Otros, hablaron del individualismo exacerbado, de la crisis de la familia y, sobre todo, de la soledad, tanto de los ancianos como de los jóvenes, como causa de males aún peores, del aumento de los suicidios y del consumo de drogas. En esta perspectiva se habló mucho de los jóvenes, también en el contexto de las crisis económicas, financieras y del mercado laboral.

La pérdida de valores

Asimismo, en el centro de muchas intervenciones estaba la conciencia de un sentido general de desconfianza, fatalismo e impotencia hacia las instituciones, la democracia y el futuro, vinculado también al descenso de la natalidad, al crecimiento de grupos criminales, de la delincuencia juvenil y del narcotráfico. En este sentido, varios grupos subrayaron “el papel del secularismo, de la pérdida de valores trascendentes y espirituales, del sentido de la vida, así como la difusión de un sentimiento de cansancio y de la ausencia de una perspectiva de verdad, que marcan la incapacidad de reconocer la alteridad y de construir vínculos y relaciones”.

Se habló también de la necesidad de afrontar de manera humana y cristiana el fenómeno migratorio, que cambia el rostro de pueblos, sociedades y comunidades, haciendo urgente la necesidad de verdaderas políticas de integración, mientras surgen nuevas formas de exclusión; y se citó la crisis ecológica, así como la corrupción y el sufrimiento de la vida en las grandes ciudades.

Ante estos escenarios, todos los grupos destacaron que es necesario que la Iglesia se muestre como madre, como lugar acogedor —también reestructurando las parroquias—, capaz de reconocer sus propios errores y de convertir el sufrimiento en un momento de crecimiento, así como de recordar al mundo que somos una familia humana.

En este marco surgió también una fuerte conciencia de la responsabilidad confiada a la Iglesia en el momento histórico actual. Y es que numerosos grupos observaron que, mientras muchas instituciones atraviesan una crisis de credibilidad, la Iglesia se siente llamada a hablar con autoridad “en favor de la dignidad de la persona, de la paz, de la reconciliación y del bien común”. De hecho, apuntaron que specialmente en los contextos en los que está cerca del sufrimiento de la gente, crece la conciencia de que ahí puede encontrarse la credibilidad que falta en otras instituciones.

León XIV, ante los cardenales, en el consistorio de junio de 2026. Foto: Vatican Media

León XIV, ante los cardenales, en el consistorio de junio de 2026. Foto: Vatican Media

El testimonio de la Iglesia “cuando es minoría”

La Iglesia es experta en “relaciones auténticas y mira al mundo con compasión: ve jóvenes que tienen una sed creciente de Evangelio, con quienes construir un mundo mejor mediante la cercanía; ve cómo la sinodalidad es un camino providencial para la Iglesia y para la humanidad a la hora de encontrar las respuestas que el mundo busca; cómo la caridad y la promoción de la solidaridad son un testimonio auténtico de hombres y mujeres, laicos y laicas generosos; cómo los migrantes pueden ser una bendición para las comunidades que los acogen; trabaja por la paz y por la implicación de todos en comunidades de fe”.

En este sentido, se citó también el valor del testimonio de la Iglesia “cuando es minoría”, pequeño rebaño en tantos pueblos del mundo. Varios grupos subrayaron el “sentido de la educación como lugar en el que reconstruir el bien común, así como el crecimiento de las vocaciones, y describieron la devoción popular y la fiesta de la fe del pueblo de Dios como signos de esperanza”.

Se habló de cómo son signo, en este sentido, todos los esfuerzos orientados al rechazo de la violencia y al diálogo, como el ecuménico e interreligioso, y del papel fundamental de la oración para sostener la paz. En la misma perspectiva, algunos grupos citaron el reciente viaje del Santo Padre a España y las palabras del papa León, voz leal y libre en este tiempo.

Invitación a la comunión

El papa León permaneció hasta el inicio de los trabajos en grupo y regresó antes de la reanudación de la plenaria. Al término de las relaciones de los grupos, intervino brevemente agradeciendo a los presentes y subrayando de nuevo el valor de la participación y del diálogo.

“La soledad y el sufrimiento”, ha dicho el Papa, “son como el resultado de esta sociedad, un desafío al que la Iglesia responde invitando a todos a la comunión, no solo abriendo las iglesias y celebrando los sacramentos, sino creando ocasiones y experiencias de encuentro”.

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