¡Viene el Papa! ¡Viene León XIV! ¡Alzad la mirad! Para encontrarnos y escucharnos todos. Incluso aquellos y aquellas a quienes no echamos de menos.
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Ya está todo preparado. Según el programa de la visita, hay diferentes encuentros con autoridades, diplomáticos, operadores y asistidos de un proyecto social, jóvenes, personas de la cultura, del arte, de la economía y del deporte, migrantes… Esperemos que llegue el encuentro con víctimas de abusos en la Iglesia.
Hay también encuentros con la comunidad diocesana en los cuatro lugares de la visita: Madrid, Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife. Es curioso cómo se nombran con detalle a los asistentes a esos encuentros. Es normal, porque sabemos que lo que no se nombra no existe.
Durante días, se nos ha animado e invitado a los fieles, desde las altas instancias eclesiales, a participar en los diferentes actos, a dar una calurosa acogida al Papa, a mostrarle la fe de los creyentes españoles.
“Todos, todos, todos”
Pero en esa invitación no resuena de forma clara el “todos, todos, todos” de Francisco, ni tampoco el “juntos, juntos, juntos” que cada vez se intuye más en León XIV. Esta invitación suena un poco a que participen “los de siempre”. Y que conste que no lo digo de forma negativa o crítica, sino que me refiero a “los de siempre” que se supone no son la clásica nota discordante en la sinfonía eclesial.
El lema del viaje es ‘Alzad la mirada’. Cuando se presentó, tuve la sensación de que se nos escapa la mirada muy alto al escuchar: “Alzad la mirada, porque el Señor emerge sobre las guerras, los conflictos, las dificultades, las tristezas…”. Y pensé que también deberíamos alzar la mirada hacia nuestra realidad más próxima. Realmente, ¿a quienes no echamos de menos entre todos los convocados a los actos de este viaje?
Sacerdotes secularizados
Es evidente que a los de siempre. A los divorciados vueltos a casar y a las personas LGTBIQ+. Sin embargo, hay más personas –hermanos nuestros en la fe como los anteriores– a los que tampoco se echará de menos. Incluso menos que a las personas divorciadas y a las personas LGTBIQ+. Me refiero a los sacerdotes secularizados por el motivo que sea.
Cuando se presentó la encíclica ‘Magnifica humanitas’, busqué como se dice en código binario “persona”. Se escribe así: 01110000 01100101 01110010 01110011 01101111 01101110 01100001. Me pareció muy frío, porque no son más que datos. Algunas veces creo que, para nuestra Iglesia española, estas personas a las que me refiero son eso. Solo datos.
Divorciados y LGTBIQ+
Las personas divorciadas, las personas LGTBIQ+, poco a poco, van dando a conocer su realidad y, al escucharlas, sobre todo algunos obispos, está cambiando la relación y la comprensión con ellos y hacia ellos. Aunque queda mucho por hacer y mucho por convertirnos todos. Pero con los sacerdotes secularizados está todo por hacer.
No son herejes. No son apóstatas. No son delincuentes. Son personas que, por los motivos que sean, han descubierto que la forma de vida que decidieron vivir para desarrollar su vocación bautismal no se ajusta o no es la que corresponde a la opción que hicieron en su momento. Son personas que no abandonan nada, que no van contra el Evangelio ni contra la Iglesia. Solo que deciden vivir esa vocación recibida en el bautismo desde otro lugar eclesial.
Como Iglesia, tenemos que alzar la mirada y ver, mirar, pero, sobre todo, fijarnos en que no podemos ser una verdadera comunidad si no echamos de menos a muchos de nuestros hermanos. ¿Cómo sentirnos Iglesia si faltan? ¿Cómo decirle a León XIV que la Iglesia de España está con él y le quiere –porque se lo dirán– si alzamos la mirada y no estamos todos y juntos? Algo fallaría, ¿verdad?
