Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Ecopostureo


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La semana pasada hablé sobre una conferencia telemática que impartí para una universidad turca. La conversación que mantuve con los alumnos que acudieron a ella al finalizar mi exposición, me llevó a una reflexión que quiero compartir con todos los lectores de este blog. Una de las alumnas turcas me habló de cómo las personas que estaban en los países ricos tenían más posibilidades de tener comportamientos sostenibles, ya que tenían unos ingresos elevados que les permitían comprar productos calificados como ecológicos.



Sin embargo, (seguía argumentando ella) quienes eran pobres no se podían permitir tener un comportamiento sostenible ya que sus reducidos ingresos se lo impedían. La constatación de que los artículos autodenominados ecológicos son, por regla general, más caros que aquellos que no lo son, parece reforzar esta idea. Sin embargo, la realidad está muy alejada de esta idea.

Las personas más ricas no tienen un comportamiento más sostenible que aquellas que tienen unos ingresos más reducidos porque puedan permitirse adquirir bienes y servicios producidos de una manera más ecológica. Esto no se da.

Hace un tiempo, un conocido mío que lleva muchos años trabajando en una asociación medioambiental internacional me comentó que sus estudios sociológicos demostraban que la conciencia ecológica se había incrementado mucho durante este siglo, pero los comportamientos sostenibles no. Se constata, por lo tanto, una desconexión entre lo que se piensa y lo que se hace en cuestiones medioambientales.

Campo de girasoles. Naturaleza. Flores. Ecología

Campo de girasoles en la localidad sevillana de Gerena. Foto: EFE

Un comportamiento sostenible desde el punto de vista medioambiental no depende únicamente de la clase de bienes que compramos, hay varias cuestiones a tener en cuenta.

  • La primera es que una manzana puede ser ecológica, pero si viene de Chile y ha tenido que ser transportada desde allí para que yo pueda comprarla en un supermercado español, es mucho menos ecológica que otra producida a cien kilómetros de aquí, aunque se hayan utilizado pesticidas, insecticidas y abonos químicos en su producción.
  • La segunda es el gasto de energía que hacemos y en los países ricos este es muy elevado.
  • La tercera es la cantidad de bienes y servicios que compramos y que utilizamos. Si estamos viajando constantemente, teniendo todos los avances tecnológicos que salen, comprando ropa todas las semanas, etc. La sostenibilidad de ese nivel de consumo elevado es muy reducida.

Cambio de estilo de vida

Por el contrario, las personas más pobres, aunque no compren bienes y servicios etiquetados como ecológicos, compran menos, compran más local, viajan poco, gastan menos energía… Es decir, tienen un comportamiento mucho más ecológico y sostenible que aquellos que tienen unos ingresos elevados.

La compra de bienes y servicios ecológicos, se convierte, por lo tanto, en un ecopostureo si no viene acompañado de una manera de vivir sostenible. Cambiar a un estilo de vida sostenible supone algo más que comprar bienes y servicios ecológicos.