Rafael Salomón
Comunicador católico

La casa de los abuelos


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Las comidas y reuniones en casa de los abuelos siempre fueron muy generosas, había mucho y de todo. La comida, la alegría y la compañía eran la esencia de esas reuniones ¡qué hermosos recuerdos de infancia! La casa llena y el ruido de toda la familia e invitados hacía de ese lugar un maravilloso momento.



El tiempo transcurrió y la casa siguió siendo la misma, solo que, menos ruidosa, debido a que los niños ya habíamos crecido y cada vez visitábamos menos la casa de los abuelos. Fui testigo de cómo gradualmente la casa se fue quedando en silencio, cada vez menos invitados, menos visitas hasta que mis abuelos dejaron de existir.

La casa quedó en silencio, sin esas risas y conversaciones que tanta vida le dieron, sin los hijos, tíos, sobrinos… sin nadie que fuera a visitarlos. Siento una enorme nostalgia al ver la realidad, muebles desvencijados, polvo por todos lados y cuadros que ya no significan nada para nadie. Es un lugar olvidado, cuando en tiempos anteriores estaba lleno de vida y significado, ahora es un lugar abandonado, en ruinas.

Abuelos

Abuelos: Foto: EFE

En nuestros corazones

Personalmente cada rincón me hace recordar diferentes momentos de mi infancia y juventud, ir a la casa de los abuelos era tan necesario y representaba algo muy importante para toda la familia que ver ese lugar así me genera una profunda tristeza. Ya no están y nunca volverán, aunque siguen en nuestras mentes y corazón, la verdad es otra, se ha terminado su ciclo.

Vivirán en nuestros corazones y su manera de ser siempre será recordada; por lo menos de mi parte así será, pero entiendo que no es igual para todos, que algunos simplemente seguirán con sus vidas y tal vez será un recuerdo borroso lo que vivieron, sin más que eso.

“Acuérdate de los días antiguos, considera los años de generación en generación; pregunta a tu padre, y él te contará; a tus ancianos, y ellos te hablarán”. Libro del Deuteronomio 32, 7.

El amor sembrado

La vida ha cambiado y ver aquella casa en ruinas, es entender que poco a poco la vida se va apagando para todos, por eso la importancia de vivir cada instante, disfrutar a los nuestros y comprender que nada vuelve a ser igual. Así que, si todavía tienes la dicha y la fortuna de visitar a tus abuelos, hazlo con la conciencia que eso un día cambiará.

Y aunque la casa se quede vacía, su voz quedará con nosotros. Porque los abuelos se van un día de la mesa, pero jamás del corazón. Las casas de los abuelos nunca quedan realmente vacías, entre las paredes siguen viviendo las oraciones, las risas y el amor sembrado durante años y como dice la Escritura: ‘Pregunta a tus ancianos, y ellos te hablarán’…