“Ustedes, con su lucha, están siendo maestros para los que se creen saberlo todo y son en realidad unos abusadores”. Con esta naturalidad, el comisario pontificio del caso Sodalicio, Jordi Bertomeu, se dirige de tú a tú a cada una de las víctimas que recibe en estos días en la nunciatura de Perú, dentro del proceso de reparación integral para quienes han padecido los abusos de este grupo eclesial disuelto por Francisco hace más de un años.
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“El papa Francisco lo tuvo muy claro y es un legado que ha transmitido al papa León”, explica el sacerdote catalán y oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe en un vídeo difundido en vídeos sociales sobre este procedimiento abierto del 4 al 22 de mayo en la embajada vaticana en Lima. Allí pueden acudir todos los damnificados por el movimiento creado por el laico Luis Fernando Figari en 1971 y que buscaba crear lo más parecido a la Falange en América Latina, pero con un revestimiento eclesial.
Rastrear propiedades y finanzas
En la conversación con las víctimas, Bertomeu desvela que León XVI “me encargó explícitamente: ‘Escucha a todas las víctimas, porque tienen que ser reparadas con el dinero de aquellos que han cometido la injusticia’”. Para hacerlo realidad, este proceso ha requerido de un trabajo previo por parte del comisario pontificio de rastrear todas las propiedades y finanzas vinculadas de alguna manera al Sodalicio para que se responda a las indemnizaciones con estos fondos.
Es así como se dará respuesta a las reparaciones que se evalúen desde la llamada Comisión de Escucha que se ha puesto en marcha en Lima. Solo en los cinco primeros días, han acudido más de cien personas identificándose como víctimas del Sodalicio. A un grupo de ellas, el presbítero les elogia porque “han recordado a la sociedad peruana que hay una cosa que se llama justicia, que hay una cosa que se llama verdad, que hay una cosa que se llama honor, que hay una cosa que se llama comunidad, que sabe vivir junta y sabe respetar”.
Falso carisma
Bertomeu recuerda una vez más que, el motivo principal de la disolución del Sodalicio, más allá de los abusos perpetrados, está motivado porque el papa Francisco corroboró que se trataba de “un falso carisma”. “El fundador Luis Fernando Figari no era un fundador como tal, sino lo más parecido a un gurú”, sentenció.
En paralelo, hizo un llamamiento a las autoridades peruanas, con relación a los supuestos delitos que habría cometido Figari y ante los que tendría que responder. “La pelota está en las instituciones peruanas, que son la que tienen que reaccionar”, sentencia Bertomeu. Para el sacerdote, “tenemos que avanzar en esta cultura democrática de que hay situaciones abusivas que tienen que acabar, y esto significa cambios legislativos, voluntad política de aplicarlo y una judicatura y fiscalía que se tomen en serio estas situaciones, que no son fáciles, porque dentro de los Estados hay redes de intereses que hacen muy complicado esto, pero hay que empezar”.
