Insignificante


Compartir

Ayer me enteré de que damos vueltas a una estrella enana amarilla, de un tamaño ridículo, comparada con Eta Carinae, que es un millón más luminosa o Uy Scuti, que es cinco mil millones más voluminosa que nuestro Sol. Descubrí que cualquier galaxia tiene entre cien y cuatrocientos mil millones de estrellas y que solo la Vía Láctea contiene unos cien mil millones de planetas. Es para quedarse en blanco. Debo hablar más con mi amigo Nacho, que se pasa muchas noches escrutando el universo.



La culpa de todo esto la tiene el canal de televisión franco-alemán ARTE, creado en los años 90 y que ofrece cantidad de documentales de ciencia, psicología, ecología, historia y un largo etcétera, que suelo bichear. No os preocupéis, está subtitulado en español.

El otro día entré en una serie de diez documentales, de tres minutos cada uno, titulada ‘Una especie aparte’. En cada minicapítulo, la narradora acaba el discurso con la palabra ‘insignificante’. Como bien has comprendido, se trata del hombre. La Tierra no esperó a los humanos para comenzar su historia. Si esta historia fuera un libro de mil páginas, la vida celular comenzó en la página 185 y se mantuvo así durante 700 páginas. La salida de las aguas de los vertebrados se produjo en la página 916 y los dinosaurios en la 960. El Homo Sapiens, en las tres últimas líneas de la página mil.

5. Recuperar El Universo Simbólico

Tanto vértigo, me hace volver al salmo 8: “Miro el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el mortal para que te acuerdes de él, el ser humano para que te ocupes de él?”. Somos más de ocho mil millones de humanos, menos que pollos en el planeta, y todas las hormigas pesan más que todos nosotros juntos.

El proyecto del Altísimo

Aun así, contra todo pronóstico, hemos dominado los elementos, sobrevivido, prosperado y conquistado. Hemos creado la filosofía, la ciencia, el arte… hemos instaurado unos valores, una moral, una ética y, la mayoría, nos hemos aventurado a creer, a amar y a esperar contra toda esperanza. Y sigue el salmo: “Lo has revestido de honor y de gloria, lo has puesto al frente de tus obras, todo lo has sometido a su poder”. Este es el proyecto del Altísimo.

Pero en nuestro corazón, sin Dios, anidan el odio, la discriminación, la tortura, la destrucción y la contaminación de la tierra, de los mares, del espacio… Somos la única especie capaz de destruir nuestro entorno y de seguir matándonos.

El último documental termina: el ser humano, tan precoz, es inmaduro, capaz tanto de lo mejor como de lo peor. ¿Alcanzará la razón antes de destruir su propio hogar? Esta cuestión es de todo menos insignificante. ¡Ánimo y adelante!