Ianire Angulo Ordorika
Profesora de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola

El Resucitado en la feria del libro


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El otro día, con la excusa de ir a la feria del libro de Granada, disfruté de esos momentos que tanto me gustan de “estudio sociológico”. Me refiero a esas ocasiones en las que tienes tiempo y ocasión para observar a la gente que te rodea como si fuéramos una especie de espectadores silenciosos, dispuestos a captar cualquiera de esos gestos y conversaciones que configuran el día a día de los demás.

Además, como se nota que los días son más largos y la temperatura más agradable, las calles estaban llenas de gente, así que la muestra de estudio era aún más significativa. Ante mis ojos pasaron familias, amigos, parejas y quienes caminaban solos como yo. Este espectáculo me confirma una vez más en qué distintos somos y en cuánta riqueza supone tal diferencia.

Homenaje a la diversidad

Del mismo modo que las casetas de la feria rebosaban libros de todo tipo y género literario, también quienes pululaban por entre los puestos resultaban ser un homenaje a la diversidad. Nacionalidades, edades y estéticas variadas se convocaban en el mismo lugar, todas ellas buscando un relato que llevarse a casa. No importa si buscan novela histórica, un best seller de autores consagrados, un libro de poesía, el último ejemplar de ‘Polican’ o del ‘Pollo Pepe’, un libro piadoso, un clásico literario o un manga, porque ahí cada uno va a encontrarlo.

Y se me ocurría pensar que quizá esto de dar testimonio del Resucitado se tendría que parecer en algo a una feria del libro. Confesar que el Señor vive tendría que facilitar que cualquiera pudiera estar cómodo entre nosotros, no porque queramos “venderles nuestro libro”, sino porque nos vamos haciendo cada vez más capaces de acoger a “todos, todos, todos”, como decía Francisco.

Feria Del Libro

El Buen Pastor conoce a cada oveja (cf. Jn 10,14), aunque para quien no está familiarizado con el rebaño todas le puedan parecer iguales. Del mismo modo, también es capaz de reconocer esa humanidad, digna de ser amada y compartida por todos, que permanece intacta a pesar de todas las diferencias que pretendamos marcar entre nosotros.

Al fin y al cabo, cada uno, como los visitantes de la feria del libro, albergamos una búsqueda en el corazón que, por más que cada uno satisfaga con distintos relatos según el momento y las circunstancias vitales, es capaz de acercarnos unos a otros y relativizar la mayoría de las divergencias. Quizá esa inquietud profunda no se sacia con un libro… pero es un buen principio.