Entre esas palabras que cada vez se vacían más de sentido está la democracia, y no precisamente por culpa de la gente sencilla, víctimas de regímenes no democráticos, sino de quienes ostentan el poder y luego no lo quieren soltar.
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La defensa de la democracia no puede ser solo un discurso ideológico para una cumbre, esta debe estar acompañada de acciones concretas, de actitudes específicas y de formas de gobierno que no permitan disfrazar a una dictadura de democracia.
No es posible defender a la democracia eternizándose en el poder, la democracia implica alternabilidad, ya bien lo decía Simón Bolívar: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo”.
Pero a los nacionalistas latinoamericanos ese Bolívar no les gusta, porque no pueden estirarlo para su narrativa personal.
No eso no es defender la democracia
No se puede defender a la democracia si su partido de gobierno está por más de una década mandando, y no es un asunto solo de alternabilidad de persona, sino en proporcionalidad y equilibrio de las fuerzas civiles en acceso al poder. Lo que denominó Vargas Llosa como “la dictadura perfecta”. Un mismo partido, un mismo pensamiento, un mismo color por los siglos de los siglos.
No se puede defender a la democracia si las minorías legítimas son pisoteadas, si no se respeta el derecho a disentir, si se cree que la ecuación del poder es solo ganar – ganar y la oposición o es a su medida o tiene que desaparecer. Muy típico de los caudillos latinoamericanos, como decía Trujillo: “Para mis amigos todos, para mis enemigos la ley”.
No se puede defender a la democracia cuando se pone por encima los intereses ideológicos que los derechos humanos de miles. El mejor ejemplo es Cuba, que no es precisamente ejemplo de civilidad, al contrario, han sido décadas de una ignominiosa opresión. Mientras Cuba no sea libre, los latinoamericanos tendremos una deuda histórica con esas víctimas a las que se han romantizado con una mentira llamada comunismo.
No se puede defender a la democracia si no respeta el estado de derecho, si se pretende ajustar las leyes en beneficio propio, si cree que la mayoría es un cheque en blanco para un proyecto hegemónico que no concibe otra alternativa.
No se puede defender a la democracia si la corrupción propia se minimiza y se oculta, porque el proyecto político del partido es más importante.
No se puede defender a la democracia si los pobres solo son una excusa para alimentar la manipulación electoral por un voto, en esos que piensa que un pobre no puede dejar de serlo, porque si no votan en contra.
La lección democrática de todos los días
Por eso un breve decálogo sobre la democracia, de lo que no es, de lo que debería ser, y de lo que se supone debería ser, un compromiso de auténticos líderes políticos democráticos.
- La democracia no es la fuerza de la mayoría.
- La democracia no es mantenerse en el poder a cualquier precio.
- La democracia no es manipular las elecciones o solo reconocerlas cuando se ganan.
- La democracia no es tener todos los poderes a su favor.
- La democracia no es silenciar a la prensa libre.
- La democracia no es callar al que disiente o piensa distinto.
- La democracia no es que todos tengan el mismo color del partido.
- La democracia no es ser cómplice de violaciones de derechos humanos.
- La democracia está por encima de la ideología, pues implica el bien común.
- La democracia no es una excusa para mantener a los pobres siendo pobres.
Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey
