Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

El bien común y el bien individual


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En la mesa redonda de la que hablé la pasada semana, se vertió otra afirmación sobre el bien común que me gustaría matizar en estas líneas porque también conlleva confusiones. En ella se dijo que la escuela de Chicago había demostrado que buscar el bien individual llevaba a lograr el bien común y cuando se intentaba lograr este último no siempre se lograba el primero.



Esta afirmación puede resultar cierta cuando se confunde el bien común con el bien agregado, pero no lo resulta cuando hablamos del bien común según la Doctrina Social de la Iglesia. El bien agregado es aquel que se define como la suma de bienes individuales. Cuando esto es así, si alguien consigue incrementar su bien individual en una cuantía superior a lo que lo disminuyen otros, el bien agregado se incrementa.

Como resultado de ello, aumentar el bien individual, siempre que no provoque una bajada superior o igual del bien de otros, va a resultar necesariamente en un incremento del bien agregado. Sin embargo, lo otro no va a darse necesariamente. Cualquier política que intente incrementar el bien agregado, no tiene por qué repercutir en un aumento del individual.

Mirada economicista

Desde esta mirada economicista, lo que dice la escuela de Chicago es correcto. Pero lo que olvida esta afirmación es que el bien agregado no es un verdadero bien común. Porque para que este se de realmente, la organización social tiene que permitir a “todos” su desarrollo personal y la consecución de una vida plena.

Desde una mirada económica, para que esto sea una realidad, precisamos que todas las personas que habitan en una sociedad, puedan tener unos unos ingresos suficientes para llevar una vida digna en el entorno en el que se encuentra. El bien agregado económico (que se contabiliza con el PIB) no garantiza esto.

Oficina Principal de Correos en Madrid. Regularización extraordinaria de inmigrantes. EFE/ Laura

Si se persigue un bien común verdadero, sucede exactamente lo contrario. Porque el bien común conlleva necesariamente el bien individual. El primero es la base para que el segundo se pueda dar. Sin la existencia de un sistema social, político y económico que garantice a cada una de las personas que en él habitan la posibilidad de desarrollar una vida plena, esta última no va a ser una realidad para todos.

Condiciones de vida social

El bien individual no va a poder darse. Sin embargo, lo contrario no sucede. Pensar que el bien individual va a construir esas condiciones de la vida social que permitan a cualquiera tener esa vida plena no es realista y no se da, en la mayoría de las ocasiones. Mi bien individual puede entrar en contraposición con el de otros.

Por ello, tal y como indica la Doctrina Social de la Iglesia, todas las personas, las instituciones y el Estado, tenemos el deber de construir ese bien común y debemos perseguirlo (aunque podamos equivocarnos, por supuesto, en la manera de hacerlo). Porque el bien común así definido, conlleva necesariamente el individual, mientras que lo contrario no siempre sucede. Buscar el bien común es, pues, la base necesaria para lograr el bien de todos y, consecuentemente, el propio.