Según el Observatorio de Deuda Social (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar (TA), dos recursos que reciben las personas con mayor vulnerabilidad están perdiendo cobertura frente al costo de vida.
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Aclararon que, en febrero de 2026, los hogares pudieron cubrir solo entre el 39% y 62% de la canasta básica alimentaria, y entre el 18% y el 28% de la canasta básica total. Estos porcentajes cambian radicalmente, según la canasta que se usa como referencia.
Monitoreo de la realidad social argentina
En el informe elaborado por Fernando Gallegos Piderit y Alejo Giannecchini, que monitorea trimestralmente la evolución de estas transferencias desde 2009, y mensualmente desde 2016, se describen los puntos más relevantes para la comprensión y la evaluación de sus dinámicas y cambios a lo largo del tiempo:
- La cobertura lleva cinco meses cayendo: desde el tercer trimestre de 2025, tanto la canasta alimentaria como la canasta total aumentaron mes a mes por encima de la inflación general, erosionando el poder de compra de la AUH y la TA. La cobertura perdió entre 1,2 y 7,5 puntos porcentuales, según el tipo de hogar y la canasta utilizada.
- La canasta oficial subestima el gasto real de los hogares. La medición vigente se basa en una encuesta de gastos de los hogares de 2004/2005. Sin embargo, una canasta alternativa de 2017/2018, resulta entre un 42% y un 55% más cara que la oficial. Eso implica que los porcentajes de cobertura reales podrían ser un tercio menores a los que muestra la estadística oficial.
- El deterioro en los últimos años fue severo por la alta inflación alta del 2022–2024. La recuperación parcial de 2024, impulsada por aumentos extraordinarios y una nueva fórmula de actualización, vuelve a revertirse.
La estudio completo, disponible online, ofrece la serie histórica completa, los datos desagregados por tipo de hogar y la metodología utilizada para construir la canasta. Para un análisis más realista, incorporaron una canasta alternativa con patrones de consumo de los hogares relevados en la EnGHo 2017/18. De esta manera, el costo de vida sería entre un 40% y un 55% más caro, y la cobertura de los programas sería hasta un tercio menor.