David Jasso
Provicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

La paz que nace de la Pascua


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Hay una palabra que se repite en casi todos los relatos de la resurrección: paz. No aparece como un saludo casual, ni como una fórmula religiosa, sino como lo primero que Jesús ofrece cuando se encuentra con los suyos: “La paz esté con ustedes”. Y lo dice precisamente cuando todo está lejos de estar en paz: hay miedo, encierro, incertidumbre, heridas abiertas, preguntas sin respuesta. La resurrección no sucede en un ambiente sereno; sucede en medio de un mundo alterado, y eso cambia completamente el significado de la paz.



Porque no se trata de la ausencia de problemas, ni de una especie de calma superficial donde todo está en orden. La paz pascual no es frágil ni ingenua; nace en medio de la tensión, no fuera de ella. Jesús no espera a que todo se resuelva para ofrecerla pues se presenta en medio del miedo, atraviesa las puertas cerradas, entra en el lugar donde los discípulos están paralizados… y ahí, justo ahí, pronuncia la palabra: paz. Tal vez por eso nos cuesta tanto entenderla.

Vivimos en un tiempo profundamente tensionado. No hace falta ir muy lejos para percibirlo. Hay conflictos que parecen no tener salida, violencias que se normalizan, decisiones globales que afectan a millones de personas, discursos que dividen, miedos que se expanden. Todo está cargado y todo parece estar al borde, por eso en medio de ese clima, hablar de paz puede sonar ingenuo y casi fuera de lugar. De ahí que no sea casualidad que, en estos mismos días, el papa León XIV haya elevado su voz pidiendo a toda la Iglesia volver a implorar el don de la paz, convocando incluso a una vigilia como gesto humilde pero profundamente necesario en medio de un mundo herido.

La paz que brota de la resurrección no es la que se construye desde el control ni desde la imposición. No es la paz de quien domina la situación, ni la de quien elimina el conflicto a cualquier costo. Es otra cosa, es una paz que nace de haber atravesado la muerte sin que el odio tenga la última palabra, es una paz que no niega las heridas, Jesús las muestra, pero tampoco se queda atrapada en ellas.

León XIV en la audiencia general

León XIV en la audiencia general. Foto: EFE

La expresión que el papa Francisco usó: “una tercera guerra mundial a pedazos”, describe bien el momento que vivimos: no una gran confrontación única, sino múltiples fracturas, dispersas, constantes, que van desgastando la vida humana en distintos niveles. Y frente a eso, uno podría sentirse pequeño, impotente, incapaz de hacer algo significativo. De ahí que también resuene con fuerza el llamado reciente del papa León XIV, insistiendo en que la paz no puede darse por supuesta, sino que debe ser buscada, suplicada y construida desde gestos concretos, incluso cuando parecen pequeños.

Sin embargo, la paz pascual no comienza en los grandes escenarios. Comienza en el corazón, cuando alguien decide no responder con la misma agresividad con la que fue tratado, cuando alguien elige escuchar en lugar de imponerse, cuando alguien se niega a endurecerse, a volverse indiferente, a cerrarse por completo. Son gestos pequeños, sí, pero no son irrelevantes, porque la paz no es solo un ideal global; es una forma concreta de estar en la vida.

Jesús, al resucitar, no trae un discurso elaborado sobre la paz. Trae su presencia. Se pone en medio y desde ahí, ofrece algo que no se puede imponer, pero sí recibir: una manera distinta de habitar la realidad. Una paz que no elimina la tensión, pero permite sostenerla sin romperse por dentro. Una paz que no niega el conflicto, pero evita que el conflicto nos defina por completo.

Tal vez la pregunta no sea si el mundo está en paz, porque claramente no lo está, sino si hay espacios donde la paz sigue siendo posible. Y ahí es donde la Pascua se vuelve profundamente actual. La paz de la Pascua no resuelve todo de inmediato. Pero inaugura algo: Un modo distinto de estar, un modo distinto de responder y un modo distinto de vivir.

Y quizá, en medio de este mundo fragmentado, eso ya es profundamente significativo.

Lo que vi esta semana

Al papa León XIV hablar de paz sin miedo.

La palabra que me sostiene

“La paz esté con ustedes”. (Juan 20,19).

En voz baja

Señor, en medio de un mundo herido y tenso, no permitas que mi corazón se endurezca. Dame una paz que no dependa de que todo esté bien, sino de saber que Tú estás en medio. Y enséñame a ser, en lo pequeño, un lugar donde otros puedan respirar un poco más hondo.